Sostiene que tanto el patrimonio cultural de la ciudad como los paisajes de la comarca están llamados a convertirse en un motor de desarrollo económico
Manuel Sánchez-Moraleda acaba de publicar un libro que viene a ser, tal y como él lo ha concebido, una crónica personal de la historia de las últimas décadas de la antigua Escuela de Máquinas. Una Escuela de Máquinas que él conoció especialmente bien, ya que de hecho, comenta con humor, fue la última persona que «salió de allí físicamente», cuando se convirtió en el primer comandante-director de la nueva Escuela de Energía y Propulsión de la Armada, inaugurada por Su Majestad El Rey.
No oculta Sánchez-Moraleda, sevillano de nacimiento pero también en este caso ferrolano de adopción, su pasión por el mar y por los barcos. Tampoco la que siente por la historia -entre otros cargos, fue director de la Cátedra Jorge Juan-; ni por supuesto su profundo afecto por Ferrol. Una ciudad, dice, que sorprende a quienes se encuentran con ella sin haberla conocido antes. «Ferrol podría sacar mucho más partido a su potencial turístico», dice Sánchez-Moraleda, al tiempo que resalta que tanto el patrimonio cultural ferrolano -en especial el urbanístico y el arquitectónico- como los paisajes de los alrededores de la ciudad y en general de toda la comarca están llamados a convertirse en un factor de desarrollo económico, de cara al futuro. Es necesario, dice, apostar por la iniciativa privada. «Una excesiva dependencia del Estado -dice-, ha hecho daño a la ciudad».
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