Miles y miles de ferrolanos nacieron entre los muros del edificio que construyó, gracias a la generosidad, entre otros, de los reyes Carlos III y Carlos IV, el ingeniero ilustrado Dionisio Sánchez de Aguilera
12 may 2010 . Actualizado a las 14:48 h.Son muchos quienes te lo dicen: «Yo nací allí». Y tú, más o menos de su misma edad, podrías haber nacido allí también si no lo hubieses hecho un poco más lejos: donde no hace tanto (bueno: sí hace tanto; vamos a no engañarnos, seamos conscientes de la edad que tenemos), aún se venía al mundo en casa. Con la ayuda del médico, que ya no tenía caballo, porque a imitación del cura lo había vendido y se había comprado una vespa. Lo que hoy es el Centro Torrente Ballester, un edificio dedicado al arte -fundamentalmente al arte contemporáneo, al que no siempre tiene la figuración cerca-, se construyó en Ferrol bajo la dirección de Dionisio Sánchez de Aguilera, ingeniero ilustrado y, según todo indica, hombre de profundas preocupaciones sociales. Unas preocupaciones no demasiado extendidas en su tiempo, en contra de lo que tantas veces se afirma. Aguilera redactó el proyecto en 1779. Las obras comenzaron cuatro años después, gracias a los donativos que realizaría para ellas, entre otros, el rey Carlos III -también su sucesor, Carlos IV, contribuiría con su dinero más tarde, permitiendo así que la construcción finalizase en 1792-; consta, en cualquier caso, en 1786 ya eran atendidos allí los enfermos de la ciudad. Con el edificio al fin por completo terminado -y entiéndase lo de terminado con todas las reservas que implica el hecho de que un centro sanitario, a lo largo de su historia, no deja por lo general de experimentar reformas constantes-, Sánchez de Aguilera siguió largo tiempo vinculado a él y a su función humanitaria, en calidad de hermano mayor del cabildo del Santo Hospital de Caridad.
Hasta tanto tiempo después
El edificio siguió cumpliendo funciones hospitalarias hasta los años setenta del pasado siglo. Fue entonces cuando el hospital se trasladó a las instalaciones que ahora ocupa en el barrio de Caranza, donde se encuentran, por cierto, tanto la campana de la vieja capilla como las reliquias de San Justo, de las que un día tendríamos que hablar con calma, porque bien lo merecen. El cuerpo incorrupto de San Justo, mártir asesinado en Roma a los 12 años de edad, llegó a Ferrol por deseo de uno de los más brillantes oradores del siglo XIX, Manuel Fernández Varela, sacerdote de amplísima cultura y protector de Larra y Espronceda. Fernández Varela, que fue quien pronunció en la concatedral de San Julián la oración fúnebre por los muertos de Trafalgar, sufragó la venida a Ferrol de las reliquias del mártir, de cuya autenticidad dio fe el cardenal Zurla, en nombre de la Santa Sede, en el año 1832. Se conceden 40 días de indulgencia a quienes ante ellas recen.