Veinte niños «tirados» en Dublín

Luís A. Núñez

FERROL

No saben cuándo podrán volar de vuelta a sus casas; escolares del CPI O Feal suman ?hoy tres días de bloqueo en la capital irlandesa por una nube de ceniza volcánica

18 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Desde seguir la ruta de James Joyce hasta visitar el castillo de Dublín o la catedral de San Patricio, hay infinidad de lugares en los que perderse en la capital irlandesa. Pero disfrutar del país de la Guinness no es lo mismo cuando la estancia es forzada, supera toda previsión y, encima, los visitantes son un grupo de niños de 12 a 14 años.

Esa es la situación que se encontró Sonia Álvarez, responsable del departamento bilingüe del CPI O Feal, cuando llegó el jueves al aeropuerto de Dublín para acompañar a su grupo en un vuelo de regreso a casa después de cuatro días de inmersión cultural. «En la ventanilla nos dijeron que el vuelo estaba cancelado», recuerda. Fue entonces cuando recibieron una lección de ciencias sociales sobre cómo un fenómeno físico o meteorológico ocurrido a varios miles de kilómetros puede tener consecuencias en cualquier otra punta del planeta.

El volcán subterráneo Eyjafjalla, bajo el glaciar que lleva el mismo nombre al sur de Islandia, fue el causante de su peor pesadilla al obligar a cerrar el espacio aéreo del norte de Europa.

Esa misma noche, la compañía Iberia les facilitó alojamiento en un «lujoso» hotel próximo al aeropuerto. «Yo creo que tuvimos suerte porque eran niños», señalaba la profesora. Estaba previsto que se pudieran subir al avión veinticuatro horas después para regresar a sus casas el viernes.

No fue así. La nube volcánica siguió avanzando y los aeroplanos permanecieron en el hangar. Y, lo peor de todo, se acabaron las buenas intenciones de Iberia con los jóvenes estudiantes, que anteayer tuvieron que trasladarse a la ciudad para localizar un hotel más asequible. «No nos están costeando la estancia -matizaba ayer la responsable del grupo-, solo la primera noche, y ni siquiera la comida, que la tuvimos que pagar nosotros, y fue realmente cara, teniendo en cuenta la categoría del hotel y su localización, en medio de la nada».

A medida que pasan los días, los ánimos también se van deteriorando. Y los estudiantes, de primero y tercer cursos de la ESO, pudieron disfrutar toda la tarde del jueves de la piscina del hotel.

Los costes, al colegio

Anteayer, la mitad de la jornada la pasaron en el traslado a Dublín, en donde se alojan en el Isaacs, un establecimiento más asequible. Y es el colegio el que, apunta Sonia Álvarez, «está costeando todos los gastos mientras estudiamos a quién hacer las reclamaciones pertinentes, porque no es normal que pagues un seguro de viaje y aleguen fuerza mayor, dejando tirados a 17 escolares de 12 a 14 años».

Hoy era el último día indicado. Tal vez hoy se abriera la puerta de embarque. Pero aún ayer no tenían confirmada su situación pese a los esfuerzos de la agencia a la que le habían contratado el viaje por traerlos de vuelta con sus familias.

La situación sobrepasa a administraciones y frustra, cada día que pasa más, a los pequeños y sus profesoras acompañantes (Sonia Álvarez y Alba Alonso), que hacen lo posible por que la espera les resulte más amena a los estudiantes. Una visita al zoo y una vuelta por la ciudad era el plan previsto para ayer.

Mientras tanto, el teléfono de la embajada española en Dublín informaba, a través de una locución, de que las líneas de atención solo están disponibles de lunes a viernes. Y, para emergencias, un nuevo número redirige a un contestador.

«Sobre la nube -añadía Sonia-, no se percibe nada y el día sigue siendo soleado». Aunque, prosigue, «lo que sí notamos es que nos pican los ojos, y a algunos les sangra un poco la nariz». No es nada preocupante, aclara, y tampoco existe una relación directa probada con los efectos del volcán islandés.