Francisco Piñeiro vivía actualmente solo en Canido y la madrugada del día 25 de febrero había salido a dar un paseo por Ferrol, dejando la documentación en casa. De ahí las dificultades para identificarlo. Una sobrina denunció su desaparición un par de días después al notar su falta. Pero no pudo identificarlo por las fotos hechas tras el accidente. Su filiación se consiguió con las huellas dactilares.
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