Dicen que los mejores perfumes van en frasco pequeño. Y para los protagonistas de esta página, el dicho no podría ser más cierto. A ellos lo que les va son los coches de rali, los trenes y los aviones. Pero en tamaño reducido. De la talla XXS. A escala liliputiense.
«A los doce años, los Reyes Magos me trajeron mi primer scalextric y, desde entonces, ya no pude parar», cuenta Chema Escudero, apasionado del slot y secretario del Scalextric Club Ferrolterra. Aunque le atrae la competición, a este forofo de las miniaturas sobre ruedas lo que le de verdad le tira es hacer sus propios coches. «Los monto, los pinto y los decoro, y si no hay el que yo quiero, lo fabrico con resina en moldes de silicona», apunta risueño.
Chema no tiene inconveniente en confesar que está «enganchadísimo» a su afición, como tampoco lo ocultan Gonzalo Moreno, Manuel del Río y Armando Lema Hortas, de Amigos do Ferrocarril. «De pequeño siempre me quedaba fascinado mirando un tren que daba vueltas en el escaparate de Couto y ahí empezó mi pasión por los trenes», cuenta Lema, un electrónico de Bazán que gasta su jubilación en un desván tomado por una enorme maqueta ferroviaria con sus arbolitos, sus casitas, y por supuesto, con muchos vagones y pasos a nivel. Su colección cuenta con 300 piezas, alguna de más de 300 euros. «Es mi vicio, el único que tengo, así que me doy el gusto».
Como ellos, Lino Gutiérrez también disfruta como un niño fabricando sus pequeñas naves de transporte. Su enorme apetito de aficionado lo sacia en el Club Aeromodelismo Narón, donde se enseña y se aprende a hacer volar todo tipo de aviones y helicópteros de poco más de un metro de largo.
Coches de rali, trenes que dan vueltas, aviones acrobáticos... Pequeñas joyas en manos de grandes aficionados.