| Manuel Amor, ex secretario general de CC.OO. de Galicia y fallecido en el 2007 por el amianto
El homenaje que su ciudad le debía ya lo tiene. Murió en junio del 2007 a los 66 años de un cáncer pulmonar acelerado por la asbestosis. Había llegado a la cúpula de CC.?OO. Ingresó como aprendiz de Bazán en 1955 y el 10 de marzo del 1972, el clímax del levantamiento obrero ferrolano contra la dictadura de Franco, formaba parte del núcleo dirigente. Aquel día pasó a la clandestinidad, pero fue detenido y encarcelado dos meses más tarde y no saldría de prisión hasta la amnistía de 1976. Decía que el franquismo le había amargado la juventud. Estando en prisión, un automóvil arrolló a su, entonces, único hijo cuando iba de la mano del abuelo. No se le permitió dejar la cárcel unas horas para asistir al entierro del niño. El historiador Enrique Barrera sostiene que esta decisión obedecía a un intento de doblegar su entereza: si no lo vencían con la tortura, lo conseguirían golpeándole en el corazón. En julio de 1975 fue uno de los 23 ferrolanos que se sentaron ante aquellas farsas de juicio que se celebraban en Madrid, ante el extinto Tribunal de Orden Público donde le condenaron a siete años. Pero cumpliría solo uno más (estaba ya en la cárcel desde 1972) porque la presión de los ciudadanos aceleró la amnistía. El recibimiento de Amor Deus, José María Riobó y Rafael Pillado, que en plazo de horas, salieron todos de la cárcel, fue una de las manifestaciones populares más importantes del tardofranquismo en la ciudad. Después desempeñó durante años el cargo de secretario general de Comisiones que compaginaba como miembro del comité central de PCE, hasta que dejó toda actividad pública y se dedicó a apoyar a sus compañeros, enfermos por el amianto.
Consiguió que los tribunales le reconociesen que parte de su enfermedad se debía a la asbestosis. Su estado de salud operó una mejoría, incluso se pensó que había curado, pero un año después el mal se agravó. Solía quejarse de la indolencia de Galicia. Porque, al margen de los reconocimientos de que fue objeto entre sus compañeros, amigos que lo apreciaban como a un hermano, notaba la falta de acto institucional inequívoco del Parlamento de Galicia. «Yo no quiero que me pidan perdón», solía decir.
Pretendía que Galicia se acoplase a la realidad europea. Porque las libertades democráticas de que disfrutamos, deben mucho a personas como Amor Deus. Su nombre dignificará su barrio y su ciudad. Así, cuando caminemos por la plaza sabremos que la Constitución no cayó del cielo ni fue una dádiva en los estertores del franquismo, sino algo conquistado con la sangre de muchos, y los años de cárcel de Amor.
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