Salvo casos puntuales como ocurrió hace años con la restauración del Chalé de Cabezas (más conocido como el Pazo Libunca), en los que la iniciativa privada toma la delantera a la hora de rehabilitar algún inmueble histórico, los últimos ejemplos han partido de las administraciones. Y es que los complejos más atractivos para darle usos públicos son, por una parte, la arquitectura religiosa y, por la otra, los molinos antiguos.
En torno a un 10% de las edificaciones recogidas en el catálogo de patrimonio protegido del Plan de Urbanismo son de índole religiosa. En muchos casos, es la Iglesia la que se encarga del mantenimiento para evitar el deterioro. En otros, como es el ejemplo del monasterio de O Couto, una de las joyas más antiguas del municipio, del siglo XII, los fondos parten de la Xunta u otras administraciones como la Unión Europea.
En cuanto a la molinería, el Concello expropió recientemente la factoría de Xuvia para transformarla en un museo. Para su restauración (costará más de 1,5 millones de euros), el Ayuntamiento espera contar con fondos europeos. Pero también está pendiente de expropiación el molino de mareas de As Aceñas. Ese trámite lo desarrolla Costas del Estado.