Paulino Gasalla, un ferrolano de la calle Galiano, se convirtió, sin quererlo, en el hilo conductor del relato. Está casado con Julita Gurría, sobrina nieta de Porto Leis. Un día encontró en casa de su suegra unos viejos recortes de artículos periodísticos escritos por aquel. La investigación de Paulino, no sin cierta resistencia de su suegra, consiguió que se reencontrase la familia, dividida en parte desde la Guerra Civil, porque su hermano Eliseo, militar, había sido falanguista. Julita conoció a primas de su madre de los que había oído hablar pero que no trataba. «Es que en casa de mi suegra era un tema tabú», dice. Incluso tuvo que esperar a que falleciese para comenzar a preparar la reedición de una colección de otros artículos del tío Alejandro, que su hermano Eliseo guardó, a pesar de todo, durante toda la dictadura de Franco. «La investigación para preparar el documental ha servido para reencontrarse a la familia, que algunos apenas se hablaban; ha sido muy emotivo». La reconciliación, 70 años después, se ha producido al fin y a Paulino es lo que más le ha gustado.