«El mercado de los contenedores es uno de nuestros principales objetivos dentro de la estrategia fijada de diversificación y captación de nuevos tráficos, y disponemos del espacio suficiente en una infraestructura de óptimas condiciones y ubicación estratégica».
Así se expresaba ayer el presidente de la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao, Ángel del Real, tras el consejo de administración en el que se aprobó la aceptación de la renuncia presentada por el empresario Pérez Torres a su parcela en la dársena exterior para la creación de una plataforma para el movimiento de este tipo de mercancías. Tal y como ya adelantó La Voz el pasado 18 de junio, la compañía presentó oficialmente su petición para dejar esa concesión argumentando, entre otros motivos, la crisis económica.
A la mencionada renuncia hay que sumar, además, que un año después de que la compañía burgalesa JSV estrenara una línea nacional de contenedores entre Ferrol y Canarias de la mano, precisamente, de Pérez Torres, decidiese cerrarla por su escaso rendimiento. En otras palabras, los dos intentos por entrar en el negocio que se han producido hasta el momento se han saldado con sendos fracasos.
Objetivos
Estos escollos iniciales no hacen bajar, no obstante, los brazos a la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao para lograr grandes líneas de portacontenedores. Del Real subrayaba ayer que «vamos a continuar haciendo un gran esfuerzo, intentando ganar terreno, mostrando nuestras ventajas ante potenciales clientes, para hacernos un hueco entre los puertos que operan con las grandes líneas». Concluyó: «Nuestro fin es conseguir compañías potentes en el mercado de los contenedores y en ello estamos trabajando».
Este reto ha provocado, precisamente, dos años de intensa ofensiva comercial en todo el mundo y que, en los últimos meses, se ha materializado en misiones a ferias especializadas tanto en Panamá como en el mercado asiático.
¿A qué renuncia Pérez Torres? A la mayor concesión otorgada hasta el momento en los muelles exteriores. Se trata, en concreto, de una superficie de 230.000 metros cuadrados que pasó a sus manos hace más de cinco años sin que, realmente, llegase a tener actividad en ella en ningún momento. Esa explanada queda ahora de nuevo a disposición del Puerto para comercializarla entre las empresas que se encuentren interesadas.