La compañía Arriva Noroeste S. L. denuncia daños por miles de euros en los vehículos
Ser conductor de autocar en los servicios nocturnos para jóvenes que financia la Xunta comienza a ser una actividad peligrosa. El chófer de uno de estos servicios, contratado por la compañía Arriva Noroeste, S. L., ha denunciado ante la Guardia Civil de Fene los actos vandálicos que ocurrieron en uno de los viajes que realizaba la madrugada del pasado domingo, en el trayecto Miño-Ferrol.
Según hace constar el profesional, primero en Miño y luego en Pontedeume varios grupos de jóvenes pretendieron entrar en avalancha en el interior del autocar por lo que se vio obligado a reclamar la presencia de una patrulla de la Guardia Civil, cuyos agentes hicieron entrar a las pandillas de uno en uno. Pero al llegar a la altura de San Martiño do Porto (Cabanas), ya sin la presencia de los guardias, un sector de los pasajeros «comenzó a romper las lunas, luces interiores, ceniceros, que arrojaban por los ventanales rotos hacia el exterior». Y así siguieron hasta llegar a la parada de As Pías, en Caranza.
Se da la circunstancia de que el conductor, un hombre de 62 años, no pudo reconocer a ninguno de los supuestos autores de estos actos vandálicos.
Precedente
Pero no fue el único caso. Porque en la madrugada del 26 de julio pasado, otro conductor de Arriva sufrió ya otros hechos parecidos y fue amenazado e injuriado. Según la denuncia que formuló entonces este primer profesional, de 43 años, ocurrió también en el mismo trayecto, pero en la parada de Pontedeume. Igualmente se originó un pequeño tumulto, sin destrozos. Cuando el autocar había recorrido unos cuatro kilómetros, en dirección a Ferrol, unos 15 viajeros, de un total de 70, todos situados en la trasera del bus, comenzaron a proferir gritos, insultos e injurias.
La cosa no quedó ahí, reseña el chófer, porque luego pasaron a la acción. Comenzaron, dice el trabajador en su denuncia, a destrozar asientos, alumbrado y otros objetos que lanzaban por la claraboya del techo hacia la carretera, con grave peligro para otros vehículos que circulaban detrás. Luego vaciaron un extintor dentro del bus, abrieron a empujones las puertas traseras y bajaron en plena marcha. Los daños entonces fueron valorados en unos 3.500 euros. El conductor asegura que en el servicio anterior se habían producido otros altercados, si bien con menores daños. El chófer tenía miedo a parar el vehículo y llamar a la Guardia Civil o la policía, por lo que siguió la marcha hasta llegar a su destino.
Representantes de la compañía han mostrado su preocupación por estos sucesos dado que en poco más de dos mes fueron dos los episodios.
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