Carlos Manuel lleva veraneando en As Cabazas desde que era un crío: antes lo hacía como campista y ahora como supervisor de la zona de acampada
Carlos Manuel Caínzos Varela es un enamorado de la tienda de campaña. «Si me dan a elegir entre un hotel y un cámping, lo tengo clarísimo: me quedo con lo segundo», dice con una sonrisa de oreja a oreja frente al mar batido de la playa de La Fragata.
La relación de este vecino de Serantes con el arenal situado entre Esmelle y O Vilar se remonta a su niñez. Curi, como le llama todo el mundo, acampó por primera vez en estas playas cuando tenía 13 años -«recuerdo perfectamente que dormimos en una canadiense de cuatro plazas de la marca Artiach»- y, desde entonces, siempre se ha mantenido fiel a la costa de Covas. De hecho, desde que abrió el cámping de As Cabazas, hace ahora ya 26 años, él ha sido uno de sus clientes más asiduos. «Al principio acampaba con mis amigos y después empecé a venir con mi mujer, mis suegros y mis hijos», explica echando la vista atrás.
Pero este verano Curi ya no busca el sueño sobre un colchón hinchable, a ras de suelo. Ahora duerme en una cama de las de verdad, en la vivienda del edificio del cámping. Porque, desde hace dos años, Curi es el conserje y supervisor de As Cabazas. «Mi mujer y yo no enteramos de que estaba en alquiler y decidimos hacernos cargo del negocio», explica.
Caínzos cuenta que antes trabajaba como pintor y chorreador en los astilleros de «la Bazán», pero en el 2005 sufrió un accidente que le dañó la espalda y le obligó a dejar el oficio. Tuvieron que pasar tres años para que Curi viese la luz en As Cabazas. «Trabajar aquí me pareció una idea muy buena por dos razones; en primer lugar, porque es un cámping que conozco desde que era un chaval; y en segundo lugar, porque a mí me encanta este tipo de vida», dice satisfecho de la decisión tomada.
Curi cuenta que lo que más le gusta de los cámpings es que en ellos «se da otra relación con la gente». «En un hotel es muy difícil hacer amigos; en cambio, aquí hay mucho contacto entre las personas y se dan casos de familias que repiten año tras año y ya se conocen de toda la vida». Además, su trabajo le ha permitido conocer a gente «muy interesante». Curi recuerda el caso de Michel John Baskerville, un australiano que se hizo el recorrido entre Ferrol y As Cabazas, «en monopatín y con la tabla de surf a cuestas». O el de unos suizos que llegaron al cámping en una furgalla de treinta años, «que terminó en el taller».
«Para mí -dice encantado- este es sin dudas el trabajo ideal; no lo cambiaría por nada del mundo».
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