Los ladrones robaron en la misma casa dos veces en tres días. Además «visitaron» la cafetería y la gasolinera colindantes y se llevaron el dinero del cepillo de una iglesia
Que es alguien delgado y que conoce muy bien el lugar es la única pista que tienen en A Capela las víctimas de los robos consecutivos sufridos la pasada semana. Hasta dos veces entraron en la misma propiedad con solo tres días de diferencia para obtener un suculento botín, no tanto en lo económico como en lo culinario: cuatro jamones y dos lacones, valorados en 200 euros.
Pero no solo de embutido viven estos reincidentes amigos de lo ajeno. Se llevaron también varios cientos de euros en metálico, herramientas y un flamante teléfono móvil, y aprovecharon la cercanía para visitar la cafetería anexa y la gasolinera que queda hacia el otro lado. Un ataque múltiple en un eje de apenas cincuenta metros y por capítulos, lo que ha hecho cundir el sentimiento de inseguridad en la zona. Sobre todo, porque días antes se internaron subrepticiamente en la iglesia de Cabalar realizando un agujero en la puerta y se hicieron con la recaudación del cepillo.
Para perpetrar su operación, no dudaron en emplear material de la vivienda y del garaje de José Seco Fernández, una de las víctimas de los robos. Explica que en la noche del pasado día 4, mientras él y su familia dormían en la planta superior de la vivienda unifamiliar situada en As Neves, oyó un golpe seco que lo hizo despertar. Se mantuvo a la escucha pero no sintió nada más y no dio mayor importancia. Tampoco cuando hacia las cuatro menos cuarto sonó la alarma de la cafetería anexa, que habían explotado durante muchos años sus suegros. «Ás veces salta pola humedade e pensei que saltara outra vez», dijo. Por ello, tampoco bajó para comprobar si estaba todo en orden.
Una billetera y herramientas
Pero a la mañana siguiente comprobaron la fechoría: los ladrones habían hecho saltar el pestillo de una de las ventanas para entrar. Saltaron al interior, y se apropiaron del móvil y la billetera de su suegro, Manuel Navieras, que estaba encima de una mesa y contenía unos 300 euros, dejando, sin embargo, un reloj de oro depositado al lado. Además, cogieron una llave inglesa en uno de los muebles de la cocina -en su día utilizada en el bar- para abrir el hueco, cubierto con una gran tapa de madera, que comunica la vivienda con la cafetería. Allí actuaron rápidamente: abrieron la caja registradora sin encenderla, cogieron los billetes del bote de las propinas, dejando las monedas, e intentaron reventar sin éxito la máquina tragaperras. En total, unos 200 euros más. Para asegurarse no ser descubiertos, colocaron tras la puerta del pasillo de la vivienda una torre de sillas y platos. Su estrépito al caer en caso de ser abierta les daría tiempo para escapar.
Nada hacía pensar que podrían volver apenas 72 horas después. Amparados en la oscuridad de la noche y con el mismo modus operandi, los ladrones entraron por una ventana al garaje colindante con la vivienda. De allí, les gustó un maletín de herramientas, valorado en unos 150 euros y un taladro. No se sabe muy bien si para compensar o por despiste, se dejaron en la escena del crimen un destornillador, pero a cambio tomaron prestada una escalera, empleada en su próxima fechoría. Primero, la entrada en la cercana bodega, donde José Seco guardaba los jamones de la última matanza. Y después, para escalar hasta las oficinas de la gasolinera del centro de A Capela. Previamente se ocuparon de vaciar un extintor contra una de las cámaras de seguridad. Ni esa ni las otras tres que rodean el recinto tomaron imágenes de los asaltantes antes de que huyeran con las manos vacías al sonar la alarma, aseguró Esther Naveiras, administrativa de la gasolinera.
Alarma por la inseguridad
La Guardia Civil ha dado pocas esperanzas a las víctimas, que denunciaron los robos. Además, el escaso montante de lo llevado, que hace que no compense, según le explicaron a Seco, ni siquiera tomar muestras de huellas en su destornillador.
La cuestión es que la alarma ha cundido y José Seco, concejal del Partido Popular en el municipio de A Capela, reclama medidas. «Estamos totalmente desamparados, sin cuartel da Guardia Civil, nin Policía Local nin nada», asegura.
Cree que A Capela es un sitio muy atractivo por su ubicación y su cercanía a núcleos de población como A Coruña, Ferrol o As Pontes en sus carreteras y las escapatorias que suponen la posibilidad de ocultarse por los montes del Forgoselo o Monfero. «Van ao sitio máis fácil. Aquí vivimos bastante ben, pero creo que quen o fai é por necesidade», concluye. Por ello, llevará al pleno de finales de este mes una iniciativa para solicitar el refuerzo de la seguridad en el municipio.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios