Una familia muy apegada al mar

TEXTO Beatriz Couce FOTO César Toimil

FERROL

Ramiro y María del Carmen montaron hace 38 años una pescadería en el Mercado Central; sus tres hijos siguen la saga con sus propios puestos

07 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Ramiro Fernández Vigo -al que todos conocen por Ubaldo- y su mujer María del Carmen Saavedra llegaron por azar al negocio de los productos del mar, hace unos 38 años. «De aquella era el apogeo de la venta del pescado, y nos animaron a montar un puesto en el Mercado Central», recuerda el mayor de esta familia. «Y no sabíamos nada», añade su mujer. Ellos aprendieron el oficio y transmitieron toda su experiencia y buen hacer a sus hijos, José Luis, Beatriz y Marita, que se decidieron a seguir la profesión de sus padres y ya se han labrado un nombre y una clientela en el sector.

Sin embargo, los tiempos en los que los palos de esta historia desarrollaban su trabajo no tienen mucho que ver con los actuales. «Yo me desplazaba a Ribeira, a Marín, a Cedeira y A Coruña a las lonjas a por el pescado y mi mujer atendía el puesto», explica Ramiro. Entonces, la venta se efectuaba en las lonjas por la tarde, y sus hijas aún recuerdan cuando salían del colegio e iban con su padre metidas en la furgoneta con destino a las distintas subastas. «En aquellos años, no ganábamos más que para coches, porque las carreteras estaban fatal. Por eso siempre teníamos que tener uno de repuesto», recuerda el palo de esta historia.

Sin embargo, si echa la vista atrás y compara su vida laboral con la de sus hijos, asegura que «antes se vendía mucho más pescado, ahora es más caro y hay más competencia, porque cuando empezamos nosotros solo había los puestos del mercado y ahora también están los súper».

Su puesto en el mercado

Beatriz, la segunda hija de Ramiro y María del Carmen, fue la primera en seguir los pasos de sus padres. «Como no quisieron estudiar, se pusieron a trabajar», explica el progenitor. Tras aprender codo con codo con su madre, con 18 años montó su propio puesto en el mercado de Recimil, «que me gustaba más que el central». Dos décadas después, allí sigue, al pie del cañón.

Marita tampoco era una entusiasta de los libros de texto, así que siguió los pasos de su hermana mayor y decidió cuando aún no había alcanzado la mayoría de edad poner en marcha su primera pescadería, en un puesto próximo al de sus padres. Tras su paso por un supermercado de Ultramar, de nuevo se independizó y alquiló un local en este barrio, en donde posteriormente adquirió otro bajo, en el que hoy en día regenta junto a su marido la pescadería que lleva su nombre.

Su hermano José Luis, el mayor de los tres, fue el único que comenzó en otro sector, aunque también vinculado al mar. Estudió en la Escuela Náutico Pesquera y llegó a enrolarse como jefe de máquinas en un barco, pero «le tiraba la familia», así que se unió a la saga y también abrió un establecimiento en la carretera de Castilla próximo a Ultramar.

Las tres astillas garantizan la continuidad de una profesión en la que los palos ya están jubilados, aunque les reconocen el legado. «Mi madre nos enseñó a vender producto de buena calidad, a preparar el pescado y a atender bien al cliente y mi padre a saber comprar y a espabilarnos». Ramiro tampoco escatima elogios para sus hijos. «Me salieron muy trabajadores y profesionales. Ellas son muy buenas madres y también buenas hijas», reseña.

Beatriz y Marita tienen tres hijos cada una. Su vida profesional, que les obliga a viajar diariamente a la lonja a A Coruña a las cinco de la mañana, se les complicaría sin ayuda. «Nuestra madrina Chicha ya cuidaba de nosotras cuando éramos pequeñas y ahora, con 73 años, se queda con mis hijas», valora Marita.