Va camino de convertirse en un histórico del comercio de Ferrol. «Somos los de toda la vida», señala Carlos Doallo (42 años). Pertenece a ese grupo de «los que sobrevivimos», apunta, a las embestidas que se han llevado ya por delante a buena parte del comercio de la ciudad naval en los últimos años. Lleva tras el mostrador desde los 18 años, y vende prendas de la firma Lacoste desde hace casi tres lustros.
-¿Es marquista la gente de Ferrol?
-A los ferrolanos les gustan las marcas, sí. Les gusta la ropa buena y de calidad.
-Y el lagarto ya es todo un estandarte...
-Es una marca clásica, de toda la vida. Y está bien instaurada en Ferrol. La gente le tiene aprecio. Muchas veces viene gente mayor a la tienda con un polo de hace veinte años y me llama mucho la atención.
-También es una de las más falsificadas. ¿Tiene buen ojo para detectarlas?
-El lagarto es diferente. Aunque, a veces, cuando son nuevas, es difícil detectarlo. Pero se nota la calidad a los dos lavados.
-¿Teme que la crisis potencie más la ropa de mercadillo?
-Creo que cuando fue la reconversión de Bazán se notó más. Cerró mucho comercio. Con esta crisis, está costando mucho que la gente consuma, pero no nos cogió por sorpresa y ya no hicimos tanto stock como un día normal porque sabíamos que las ventas iban a ser más bajas. De todos modos, a la gente de Ferrol le gusta vestir bien. Siempre tuvo esa fama.
-¿Cómo recuerda esa época de la reconversión?
-Fue mala. Aunque yo no la viví de lleno y me cogió en crecimiento cuando ya se empezaba a recuperar. Para mí fue peor lo de la plaza de España. Hizo caer buena parte del comercio. Antes tenía la tienda en las galerías de la calle Galiano y me tuve que ir. Por eso se perdió buena parte de la gente de la comarca que antes bajaba a comprar al centro.
-¿Cuál fue la venta más rara que hizo nunca?
-Un día entró un señor de chándal y zapatos y me pidió una corbata. Supongo que le apetecería llevarla en ese momento.