Los planes de restauración ecológica de la antigua mina de As Pontes no solo pasan por el futuro lago en el que se convertirá el yacimiento, y que ya empieza a tomar forma con profundidades de agua que alcanzan los 70 metros. También la escombrera es uno de los focos de atención de Endesa desde mucho antes de pensar en el cierre de la mina.
La empresa eléctrica extrajo del yacimiento un total de 261,3 millones de toneladas de lignito pardo, y el resultado de su combustión, además de los materiales no utilizados en la generación energética, se mezclaron con tierra vegetal hasta crear una colina anexa a la mina de 720 millones de metros cúbicos y hasta 160 metros de altura en su cota máxima. Esto se traduce en la mayor escombrera de España y una de las más grandes de Europa.
La última restauración de este entorno se realizó en el año 2003 y está ya finalizada. En total, la colina que Francisco de Aréchaga, director de la mina, definió como el mayor latifundio de Galicia, dispone de 67 kilómetros de pistas y una vegetación variada que cobija a 172 especies animales, algunas de ellas catalogadas como raras según un estudio de la Universidade de Santiago, además de un sinfín de géneros arbóreos y vegetales.
Para completar esto, Endesa estudia ahora la viabilidad de producir biomasa en una parte de la nueva colina de As Pontes, en las llanuras que lindan con el monte Forgoselo. Se trata de una nueva modalidad de combustible biológico a partir de subproductos forestales, y solo la escombrera exterior ocupa una superficie de casi 1.200 hectáreas.
En la vertiente inversa, la mina continúa su llenado a base del agua de lluvia y de las distintas canalizaciones de la escombrera, que irán a parar también al lago. Por su parte, el canal del río Eume no bascula en la mina desde principios de mes. La autorización de Augas de Galicia limita los meses de julio a septiembre para obtener el líquido por esa vía.
Sistema de decantación
Con unos 70 metros de profundidad de agua en el foso, el sistema de llenado se realiza mediante el método de decantación. Las dos balsas menores se encuentran al mismo nivel. Y la de mayor calado precisa llegar a los 140 metros para alcanzar a las otras. Eso se cumplirá, según Aréchaga, en abril o mayo del próximo año, según las últimas previsiones de Endesa. A partir de ahí, quedará un largo trabajo de dos años para alcanzar la cota máxima, por encima de los 200 metros de profundidad.
Mientras tanto, la empresa eléctrica elabora un estudio conjunto con la Universidade de A Coruña para determinar la calidad de las aguas en función de su estratificación. Está comprobado que debido a la proyección de luz sobre la lámina acuática (tiene una penetración de entorno a 28 metros de profundidad), se produce un calentamiento de las capas superiores, dejando abajo las aguas más frías y, por consiguiente, las que mayor contenido de minerales pesados tienen. De este modo, se considera que los primeros 50 metros estarán en renovación constante por el volumen de agua que circulará a diario por el lago una vez que rebose.
El sistema de decantación para llenar la tercera y última balsa que forma en la actualidad el proyecto sirve también de método de control químico del agua, cuya acidez se compensa con la introducción de cal reactiva.
El objetivo es que en el 2011, para cuando se ha previsto que el lago rebose y devuelva agua al Eume por lo que queda intacto del antiguo cauce del río Carracedo, cercenado hace décadas por la mina, el líquido saldrá con la misma pureza biológica y química que entra en el lago, y que la fauna piscícola se adueñe del ecosistema.