En muchas ocasiones, el testimonio de la víctima es la única prueba que existe en contra del agresor
24 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El caso de la mujer de Valdoviño que será conducida detenida al Juzgado de lo Penal para garantizar que comparezca a un juicio sobre malos tratos, en el que ella figura como denunciante y su pareja o ex pareja como imputado, no es único. Aunque lo habitual es que la víctima acuda a la vista oral, pero una vez en la sala se niegue a declarar, acogiéndose a su derecho a no hacerlo contra la persona con la que mantiene o ha mantenido relaciones de pareja.
¿Cuál es el motivo?, ¿miedo, temor a represalias?
Fuentes de los Juzgados de lo Penal de Ferrol, donde terminan en juicio todas las causas de malos tratos que instruye el Juzgado de Violencia sobre la Mujer, han señalado que hasta en un 40% de los procesos se produce esta situación. La supuestamente agredida por su compañero, en ocasiones todavía con la huella de los golpes, se queda muda ante las preguntas del fiscal. Poco antes de entrar en la sala renuncia también a la acusación particular que puede ejercer grauitamente porque existe un servicios específico del turno de oficio para este cometido.
La secretaria del Juzgado de lo Penal número 2 apunta otra cifra: «En uno de casos tres juicios se produce esta renuncia».
Para el tribunal se plantea un problema añadido. En los casos de malos tratos, en su gran mayoría, la única testigo de cargo es la propia víctima. De poco vale todo lo que ha declarado hasta el momento del juicio si la mujer no ratifica sus declaraciones en la vista oral. De manera que al juez no le queda otra alternativa, en la mayoría de estas situaciones, que dictar una sentencia absolutoria.
En el caso de Valdoviño, el fiscal sostiene que la mujer sufrió un esguince de muñeca y policontusiones como consecuencia de la paliza, dice, que le propinó su pareja. Pretende solicitar seis meses de cárcel y un año de alejamiento de la víctima. Sin embargo, todo queda pendiente de lo que ella declare en juicio.