Los pescadores elucubran sobre las posibles causas que fulminan a los reos al remontar el río y exigen a la administración que explique lo que ocurre en el cauce
21 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Una semana después de que aparecieran los primeros reos flotando en la ribera, los pescadores del río Eume siguen sin conocer con exactitud el factor que causa la mortandad del salmónido. Entre los asiduos a la zona ya solo queda la incertidumbre.
Los pescadores se quejan del silencio que mantienen las administraciones, ya que por el momento nadie les ha informado de qué está ocurriendo con el cauce. Los ánimos decaen y cientos de hipótesis comienzan a aflorar entre ellos.
El primero en pronunciarse, hace cinco días, fue Adriano Paz, presidente de la sociedad de pescadores de Caaveiro. Llegó a considerar que los reos fuesen portadores de una enfermedad que se acentuara al entrar en contacto con el agua dulce. Con ellos, los de la sociedad Caza y Pesca Xuvia, de Narón, reconocieron manchas en la piel de algunos especímenes capturados que hicieron saltar las alarmas de posibles virus.
Desde entonces, toda precaución es poca, y el presidente de la entidad naronesa llegó a recomendar a los pescadores que lavasen bien sus aparejos antes de mudar de río con la finalidad de evitar cualquier posible transmisión.
No obstante, fuentes de la investigación confirmaron ayer que los análisis practicados en la Universidade de Santiago eran tajantes al respecto. Los reos están sanos, sin brote alguno de origen vírica susceptible de tratamiento alguno.
Entonces, ¿de qué mueren? A la espera de que Medio Ambiente se pronuncie, la repentina bajada del pH del agua escala a los primeros puestos entre los que buscan justificación sin encontrar respuesta. La variación del ecosistema ha generado una mayor acidez en el agua de lo que parecen poder resistir los reos en su remonte desde el mar.
José Antonio Couce, de la sociedad de Caaveiro, recorría ayer el cauce, como tantos otros, para ver cómo los salmónidos eran arrastrados corriente abajo, sin fuerzas. «Polo que se ve», dice indignado, «aquí non pasa nada». Se refiere a la consellería. Hace una semana que tomaron sus primeras muestras y los pescadores aún desconocen el problema.
«Llamé hace dos días a Medio Ambiente», añade Adriano Paz, «les dije que por qué no cerraban el coto y me contestaron que ya lo harían cuando supieran qué pasaba». Pero no solo los aficionados de esa entidad lanzan el sedal en ese río. «Viene mucha gente de fuera, compran su pase para el coto y cuando llegan y ven los reos muertos se vuelven», dice Couce.
En un momento aparece Rubén, un joven que se crió entre la naturaleza de las Fragas y gran aficionado a la pesca. «Mira, ahí hay uno», le señala a Couce. En efecto, un reo de mediano tamaño bate sus aletas sin ansias contra la corriente. Apenas se mueve. «Prueba a tirarle una piedra». Ni con esas. Se deja llevar hasta acabar varando en la orilla.
«É unha neglixencia non vedar o río», explica el pescador, y se pregunta por qué la Xunta no es capaz ni de decir la cantidad de peces que han sacado del agua, moribundos, estos días.
«Ese se está muriendo», concluye Rubén con pena. No pierde detalle de sus últimos aleteos, y teme que esto solo sea el preludio del final de la temporada en uno de los mejores cauces de Galicia para esta especie.
Río arriba, en As Pontes, varios pescadores apuntan a que la contaminación del Chamoselo, un afluente del río Eume vedado a la pesca por la Consellería de Medio Ambiente para favorecer la cría de alevines, pudiera ser la culpable de la situación. Presenta una tonalidad amarillenta producida por la utilización de materiales ácidos en las obras de construcción de la autovía que unirá la ciudad de Ferrol con la localidad luguesa de Vilalba.
Según los pescadores, esta acidez acabó con la flora y fauna propias del río, y ahora, están haciendo que la acidez se trasmita río abajo.