El cura de Tebra se inscribió en el registro de parejas con una mujer brasileña para evitar que la expulsasen
FERROL
Los vecinos de Tebra están muy contentos con su sacerdote, de 74 años de edad, porque lo ven más animado que nunca desde que no vive solo en la casa parroquial.
Ernesto Pazos Chaves lo pasó muy mal cuando, tras la muerte de sus padres, se vio condenado a poner un solo plato en la mesa y a llevar en solitario el mantenimiento de su casa. Los vecinos se daban cuenta de su tristeza. El hombre caminaba siempre decaído y apenas entendían lo que decía en las misas. Pero una mujer de Brasil de 56 años logró llenar el vacío. Dilma, que así se llama, no se ha separado del sacerdote en los últimos diez años. Ella es quien le mantiene limpia la casa, le plancha la ropa y le hace la comida.
Don Ernesto era así feliz hasta que este año la situación de Dilma en España se complicó. El permiso de residencia de la mujer caducó el pasado 6 de octubre, lo que, teóricamente, la obligaba a regresar a su país de origen.
Para resolver este imprevisto, el sacerdote no dudó ni un momento en acudir a la casa consistorial de Tomiño, en donde decidió inscribirse con Dilma en el registro de parejas de hecho. Lo hizo el 24 de septiembre pasado, aunque solo cinco días después regresó al Ayuntamiento para anular la inscripción, después de recibir un aviso del Obispado.
Antes, en el pueblo, alguien le había advertido que ese paso era poco prudente y del escándalo que se podría originar si llegaba a trascender que un cura se había inscrito en un registro de parejas de hecho.
Don Ernesto negó ayer a La Voz que Dilma sea su pareja sentimental y aclaró que es una mujer que trabaja en su casa. «Me apunté con ella en el registro municipal de parejas por hacerle un favor, para intentar que no tenga que irse de vuelta para su país», explicó a la salida de un entierro.
Abogados
Los vecinos defienden que la mujer se quede para siempre con el cura. La mayoría apenas la conocen porque no suele relacionarse demasiado en el pueblo, pero saben del bien que ejerce sobre el religioso, que ya lleva 44 años como párroco en Santa María de Tebra. «Hai que ver como andaba antes e como anda agora», afirmaba ayer un vecino de esta parroquia de Tomiño. El propio sacerdote había llegado a decir en alguna ocasión: «Se non fose pola muller que teño na casa, morrería». El caso de la mujer lo llevan ahora unos abogados y don Ernesto confía en que los problemas burocráticos ante Extranjería no impidan a Dilma seguir trabajando en su casa.