Una vez más, las pintadas han ganado a la justicia. No es arte de la calle, sino daño y perjuicio de lo público. Y ha alcanzado en Ferrol una cota desproporcionada. Pero lejos de castigar a los que infringen las normas, quedan impunes «por falta de pruebas». Al final, lo de siempre: el Concello es el que tiene que gastar en deshacer el estropicio.
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