El cabo Fisterra se convierte en el fin del Camino también para los despojos

FERROL

Miles de peregrinos acaban su ruta en la punta del cabo Fisterra. En diez años, desde que comenzó a entregarse la fisterrana, documento que acredita el trayecto que da continuidad a la compostela (y previo a la muxiana, si siguen hacia A Barca), han sido 55.000. El cabo, declarado patrimonio europeo, segundo punto más visitado de Galicia según los datos de Turismo, luce desde la primavera un entorno renovado, con mucho cemento.

Pero no solo ha variado el suelo. En la punta, en lo alto del monte de San Eugenio, donde acaba el faro, a los pies de la sirena-vaca que trona los días de niebla, los peregrinos le han ido dando un nuevo y muy discutido aire al lugar, en un sitio donde no sopla mucho. Y, en algunos puntos, lo han convertido casi en un basurero. O en un tendedero. Así ocurre, por ejemplo, en la torre de la antena del radar de alta frecuencia, una joya de la modernidad y la seguridad, previsto para detectar sentinazos tras analizar las corrientes. Los peregrinos, desafiando las prohibiciones (detalladas en el albergue con letreros en varios idiomas) y el sentido común (es muy peligroso), trepan hasta lo alto y dejan allí sus prendas. Ya fueron retiradas en una ocasión, pero enseguida se reprodujo la costumbre, que recuerda a la de San Andrés de Teixido de colgar pañuelos blancos en las zarzas junto a la iglesia. No es por dar ideas, pero de momento a la antena de alta frecuencia aún no han llegado las prendas. No sería extraño, porque todo lo demás está ya ocupado.

Otra costumbre reciente (el lugar es una mina para la imaginación) afecta a la cruz situada sobre la imagen de Santiago, que reproduce la del altar mayor de la iglesia de Santa María das Areas. Los peregrinos colocan pequeñas rocas con papeles en los que escriben sus deseos. Cualquiera que sea curioso puede leer los anhelos de los demás. Una piedra, un deseo. Y también velas, exvotos, notas, tarjetas. Aquello, si sigue así, será pronto otra cruz de ferro (pero en feo), aunque esta de granito.

La primera tormenta se llevará los sueños de muchos, pero mientras, aguanta.