El mal tiempo no fue obstáculo para que en Moeche se recrease de madrugada el tradicional asalto al castillo; en A Capela, los oficios antiguos volvieron a renacer
20 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.ferrol | Centenares de personas, música, buen humor... Todos los ingredientes para una enorme festa rachada se dieron cita en Moeche en la madrugada del sábado al domingo durante el tradicional asalto de los irmandiños al castillo. Ni siquiera la intermitente aparición de la lluvia, que no estaba invitada, impidió que las teas de fuego llegasen hasta la emblemática fortaleza alrededor de la una y media de la mañana. Se cumplió con la tradición, que ya ha sumado sus 28 años.
Balandraka, Pepe Vaamonde Grupo, Os Cempés y Triquel fueron los encargados de poner el ritmo a la fiesta, que se extendió hasta bien entrada la madrugada. Y el periodista de La Voz Manuel Rodríguez se ocupó de arengar al personal con un breve pero intenso y sentido pregón que precedió al asalto.
«Gracias por escoitar a chamada da lúa de agosto, para lembrar aqueles irmandiños que viñeron desde Ferrol, remontando o río Xuvia, entrando neste val dipostos a derrubar ao Andrade tirano». El pregonero comenzaba de este modo un discurso en el que también hubo espacio para un poema de Ramón Cabanillas, el mítico En pé, y que finalizó con un contudente: «¡Irmandiños, ao asalto!». Y a partir de ahí ya todo siguió su curso natural. El de la fiesta.
Y fiesta la hubo también ayer en A Capela, donde tuvo lugar la novena edición de la ya asentada Mostra Etnográfica, en O Cabalar. Allí las cosas anduvieron más tranquilas que en Moeche, pero tampoco falto la juerga ni el buen humor. Se comenzó temprano, sobre las diez y media de la mañana, con una concentración de motos clásicas. A mediodía, una comida con churrasco, pan, vino y el postre típico de la zona: requesón de A Capela aderezado con miel.
Ya por tarde la asociación cultural O Pértego, impulsora de la iniciativa, hizo la presentación de los diferentes oficios tradicionales de los que pudieron disfutar los asistentes: canteiros, artesanos de la madera, alfareros, costureras, hiladoras, malladores... Porque, como es lógico, hubo malla en A Capela, una vistosa -y fatigosa- tarea cuya tradición se mantiene viva gracias a este tipo de iniciativas, que resucitan el buen hacer popular.