Desesperado

ESPAÑA

Nada enturbia más el buen juicio que la desesperación. Cuando se tiene la sensación de haberlo perdido todo, suelen tomarse decisiones alocadas, alimentadas por la sensación de que ya no hay nada que perder. Es lo que parece sucederle a Rubalcaba, incapaz de recortar la distancia que le separa de Rajoy, según coinciden todas las encuestas. Si, además, resulta que le alcanza el fuego amigo, como el de la reforma de la Constitución, se comprende la frustración del candidato socialista.

Pero, aunque pueda parecer lo contrario, siempre hay algo que perder. En el caso de Rubalcaba, su credibilidad. El debate sobre la fiscalidad es muy necesario. En España, según estimaciones más o menos creíbles, una cuarta parte del PIB (es decir, 250.000 millones) escapa al ojo de Hacienda. El control del fraude y un reparto más equitativo de las cargas fiscales, ahora mismo muy desfavorables para las rentas medias, son tareas más razonables que recuperar precipitadamente un tributo que poco aportará a las arcas del Estado, ya que las comunidades del PP no lo aplicarán y Rajoy no lo mantendrá. Es procedente el debate sobre esta figura impositiva, pero no la forma en que se recupera, a destiempo y a espaldas del Parlamento. Con propuestas populistas en nada se favorece una reflexión sobre la fiscalidad que debe hacerse con perspectiva y racionalidad.

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