En este teatro de sombras chinescas en que se ha convertido el PSOE, en el que nada es lo que parece, Carme Chacón ha dado un paso atrás. A Zapatero, que admitió implícitamente su fracaso al anunciar su renuncia en las vísperas electorales, se le ha ido el partido de las manos. Es un hombre del pasado, y el batacazo del domingo ha servido para que nadie le preste ya mucha atención, porque lo que preocupa a quienes se quedan es el futuro. Y a ganarlo se ha lanzado Rubalcaba utilizando a Patxi López como ariete, aunque con ello desautorice al presidente. En la guerra todo vale y las lealtades se olvidan pronto. El ministro prefiere afianzar su candidatura desde el control del aparato, porque las primarias las carga el diablo. Un enemigo muy poderoso para desgastarse en una batalla que desembocará inevitablemente en otro fracaso electoral. Por eso, Chacón ha preferido retroceder para coger impulso y regresar con más fuerza para recoger los cadáveres que dejen las urnas.
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