ETA no sabe cómo cerrar la tienda

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Cuando todos aguardan algún anuncio relacionado con el cese de la violencia, surgen las dudas sobre quién llevará a la banda hacia su final y qué se hará con los activistas

29 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

San Sebastián, y en general el País Vasco, han vivido su mejor verano desde hace décadas. No se recordaban tantos turistas. En esa preciosa ciudad por la que todavía pasean en silla de ruedas al ex senador Juan Mari Bandrés, superviviente de un largo estado de coma, se espera para septiembre-octubre un gran acontecimiento que los más optimistas describen como «el final de ETA». Para un ex cronista político del diario aberzale Egin, «está claro que no hay masa crítica para un proyecto independentista, a diferencia de Cataluña, que sí la tiene». Eso se sabía desde el principio, pero no quisieron verlo.

La denominada izquierda aberzale suspira por ese final para asentar su espacio político. En el acto de Bilbao del viernes hubo elogios a ETA, «un abrazo para los nuestros que han dejado la vida por el camino» y un recuerdo emocionado a los presos vascos y a sus familiares. Pero también se dijo que «un nuevo ciclo de ilusión y esperanza se abre sitio en nuestro país [...] la apertura de la fase de la solución y la democracia». Y no pasó desapercibida la exigencia de que «se concentre el Gobierno en vías exclusivamente políticas», que es como decir que Pérez Rubalcaba, la Ertzaintza de Patxi López-Rodolfo Ares y los franceses dejen de detener activistas cada tres días. Hasta Bélgica, antes reacia a colaborar, entregó al etarra Zengotitabengoa, detenido cuando se disponía a huir a Inglaterra.

Todo en línea para que sucedan cosas importantes en un clima de cierta euforia contenida que en el acto de Bilbao se describió como «de avances reales y tangibles». Pero el problema es cómo cierra la tienda ETA. ¿Qué se puede decir para reconocer que 50 años después de comenzar la aventura y tras causar tanto sufrimiento -casi mil muertos y más de dos mil heridos- no se llegó donde se quería, a saber, la independencia o un referendo de autodeterminación?.

Y aunque se decidiera no decir nada, porque todo el mundo ya sabe del fracaso, queda el asunto crucial de quién tiene autoridad en ETA para liquidar la empresa. Los viejos ya se fueron o perdieron su autoridad. Los jóvenes que se enrolaron recientemente para ser héroes no pueden salir ahora de liquidadores. Así que habrá que pensar en rescatar a alguien de las cárceles, o de la clandestinidad. De hecho, no se descarta que abrir la celda en algún caso, como ha pasado hace poco, esté en relación con la necesidad de encontrar actores para la representación final.

Un problema económico

«Hay otro problema añadido: ¿qué se hace con los ex etarras en la vida diaria, habida cuenta de que algunos no tienen oficio?», se pregunta un alto cargo de la televisión vasca. Y cuenta la historia de un militante excarcelado después de ocho años de reclusión. «Su familia le buscó una salida fuera de Euskadi, pero al llegar a su pueblo le ofrecieron una alternativa que aceptó: cabeza de lista local de Herri Batasuna con carné de héroe. Hoy esas ofertas ni se hacen ni pueden hacerse». Hay menos disposición a vitorearlos en ninguna opción electoral porque contaminan las listas y las ilegalizan. El problema hoy es estrictamente económico. Cuando Bandrés y Mario Onaindía consiguieron con el malogrado ministro de UCD Juan José Rosón el desarme de la ETA político-militar, las garantías exigidas eran políticas. El comisario Joaquín Domingo Martorell, entonces jefe de la Unidad Antiterrorista, recuerda que «exigieron que el comisario Manuel Ballesteros y yo mismo fuéramos a París para garantizar a los etarras que al volver no serían pasados por las armas. Fueron horas muy duras de reunión, pero acabamos invitándolos a cenar en el Café de la Paix».

La eventual desaparición de ETA abriría un escenario político nuevo en el País Vasco, pero también en España. A juicio de algunas personalidades consultadas esta semana en el País Vasco, «sería un buen final para la carrera de Zapatero y seguramente la proyección de Alfredo Pérez Rubalcaba hacia el cartel electoral». Fíjense: todos hablando de la crisis, de elecciones catalanas y de los apuros de Zapatero, y la fontanería trabajando en operaciones de gran calado. El curso político puede ser apasionante.