El jefe del Gobierno se muestra satisfecho con su gestión de la presidencia semestral de la Unión Europea.
24 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy protagonizaron ayer uno de los toma y daca más incisivos de los últimos meses, que despertó a la mayoría de los diputados del letargo provocado por cuatro horas y media de un farragoso debate sobre la presidencia española de la UE, de la que Zapatero se mostró satisfecho, pese a que fue denostada por todos los grupos de la oposición, a excepción de CiU, que le dio un aprobado raspado.
Hacía tiempo que el jefe del Ejecutivo no se mostraba tan fuerte. El respaldo recibido en el último Consejo Europeo, el aval concedido a sus medidas por el FMI y la felicitación expresa de Barak Obama han dado un balón de oxígeno al Gobierno. Como si hubiera conjurado todas las amenazas que se cernían sobre la economía española, Zapatero recobró su tradicional optimismo. «El prestigio de España, afortunadamente, está a salvo», se felicitó.
Zapatero se dio por satisfecho. Tras haberse sentido al borde del precipicio, con los mercados castigando a los valores españoles y el runrún, desmentido pero nunca ahogado, de que España estaba a punto de recurrir al fondo de rescate de la UE, las aguas se han calmado.
Y con eso, para el Gobierno, es suficiente. Admitió, eso sí, que en dos días pasó de decir ante Rajoy que no acometería una ajuste «drástico» del déficit porque eso lastraría el crecimiento a defenderlo como insoslayable. «Cambié de opinión, sí, por las circunstancias, no por las convicciones». Y se explayó en su justificación. «Podemos huir de la realidad y decir que da igual tener el 11% del déficit durante tres años y que podemos llevar la deuda al 120% en un país como el nuestro, que financia la deuda fuera y no con ahorro interno; pero eso es sencillamente una bomba de relojería».
El debate sobre la presidencia de la UE fue el preludio de un intenso cara a cara entre Zapatero y Rajoy, ya en la sesión de control al Gobierno. Jaleados desde las bancadas, el jefe del Gobierno no se anduvo por las ramas y acusó al líder del PP de «no mojarse» a la hora de proponer soluciones a los principales problemas de España. Rajoy, por su parte, reprochó una vez más a su interlocutor los «continuos bandazos» del Gobierno que generan desconfianza en el país, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, «al decir una cosa y hacer la contraria».
«Usted no se quiere mojar porque usted cree que así irá sobrevolando, navegando por encima de la ola, y ya le digo desde aquí que no, porque la gente le conoce, le tiene calado», espetó Zapatero a Rajoy, quien le respondió enumerando todas las medidas del Gobierno que no le gustan. Lo que alimentó el argumento de Zapatero, que acusó a su contrincante de estar «siempre oponiéndose a cualquier cosa», pero «sin mojarse».
El aludido, desde su escaño, sonreía mientras los diputados de uno y otro bando alimentaban la zarabanda con gestos y gritos que obligaron a Bono a intervenir y calmar los ánimos.