Autor de La soledad del Rey y Las mil caras de Felipe González y director de la revista El Siglo, José García Abad hace un retrato crítico de Zapatero, basado en 32 entrevistas con personas que lo conocen. Muchas de sus fuentes son anónimas.
-Rodríguez Zapatero castiga a los díscolos con el silencio y el olvido.
-Es uno de los castigos más tremendos, jamás dice una mala palabra, pero lo que más temen los que están con él es el silencio que se hace cuando algo no le gusta.
-Usted da mucha importancia a que siempre se haya dedicado a la política.
-En cierta manera explica que no termine de percibir bien la calle, no se ha ganado nunca la vida fuera de la política, salvo unos meses como profesor en la universidad, y eso hace que no tenga una percepción directa de las cosas. Es un funcionario del partido y eso se nota. Por ejemplo, soluciona los problemas creando ministerios.
-Echa por tierra esa imagen de Bambi que tenía.
-Como persona, está lleno de buenas intenciones. Quienes lo conocen, incluso sus amigos íntimos, dicen que es frío como un témpano. Jamás improvisa nada de su puesta en escena, en cómo va a salir en la foto o en los titulares. Improvisa medidas, porque no tiene un cuerpo doctrinal coherente e identificable, sino que va a salto de mata, toma medidas según piensa que se pueden vender mejor o peor.
-El que se la hace se la paga.
-Hay que separar el plano personal del político. Personalmente le ha ido bien la vida, es amable, generoso y considerado, pero en el plano político ni olvida ni perdona. Tiene una visión mesiánica de la política y piensa que debe cumplir una misión muy buena para el país y a ese fin justifica todos los medios.
-Lo define como un «killer» de la política.
-No se llega a presidente del Gobierno ni siendo una hermanita de la caridad ni tonto.
-¿Cómo lo valora intelectualmente?
-No es un hombre de profundas reflexiones ideológicas, aunque tiene una sincera vinculación emocional con la izquierda.