El juicio por la explosión de la pirotecnia Brau de Vidreres en la que murieron cuatro trabajadores y quedaron heridas otras cinco personas el 3 de junio de 1993 empezó ayer en la Audiencia de Gerona, diecisiete años después de los hechos.
El propietario de la empresa, Rafael Brau, que fue el primero en declarar, mantuvo que se trataba de una compañía familiar, que se limitaba a comprar y vender material sin manipularlo y que suponían que este estaba homologado.
Casi diecisiete años después de los hechos y después de que más de doce jueces viesen el caso en su fase de instrucción, el asunto ha llegado a la Audiencia de Gerona.
En el banquillo de los acusados se sientan el matrimonio propietario de la pirotecnia, dos de sus empleados, el guardia civil que inspeccionaba el material y cuatro representantes de las empresas proveedoras. Tras la explosión, los peritos hallaron en los restos de la nave gran cantidad de material prohibido.
En su declaración, Rafael Brau, que no recordó muchas de las cosas por las que se le inquiría, contestó que se limitaban al almacenamiento, a la compraventa con las firmas líderes del sector. «Yo no soy químico, yo compraba y vendía, yo no tenía que tener el control, porque yo no manipulaba el producto ni lo abría, por eso había quien hacía el control», indicó Brau. En cuanto a las medidas de seguridad, el dueño de la pirotecnia reconoció que las instrucciones sobre seguridad a los trabajadores se hacían de palabra.