La de la memoria histórica no es la única pesadilla judicial que tiene que afrontar Baltasar Garzón en estos momentos. El alto tribunal lo investiga también por prevaricación, cohecho y estafa en relación con el dinero que percibió del Banco Santander durante su estancia en la Universidad de Nueva York en los años 2005 y 2006, tras admitir a trámite una querella de dos abogados.
El Supremo aún tiene pendiente de resolver si admite o no a trámite la querella presentada por el abogado y ex fiscal de la Audiencia Nacional Ignacio Peláez por ordenar la grabación de las conversaciones que varios imputados en el caso Gürtel que estaban en prisión mantuvieron con los letrados de su defensa. En este caso, Garzón tiene el consuelo de que el instructor del caso en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid Antonio Pedreira, avaló su actuación el pasado 27 de enero.