La sucursal de Al Qaida en el Magreb tiene a España en su punto de mira

ESPAÑA

El 11 de septiembre del 2006, coincidiendo con el quinto aniversario del 11-S, el número dos e ideólogo de Osama Bin Laden, el egipcio Ayman Al Zawahiri, anunciaba la integración del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), de origen argelino, en Al Qaida, y cuatro meses después pasaba a denominarse Al Qaida en el Magreb Islámico. Desde su creación, esta sucursal yihadista en el norte de África ha tenido a España en su punto de mira.

Sus continuos llamamientos a los musulmanes a liberar Al-Ándalus, los de Al Zawahiri para recuperar los «territorios ocupados» de Ceuta y Melilla y «limpiar» el Magreb de los «hijos de España y Francia», la apelación de su líder, Abu Musab Abdul Wadud, a emprender una guerra santa contra España, Francia y Estados Unidos muestran una auténtica obsesión. Resulta muy significativo que bautizaran a su órgano de propaganda como Al-Ándalus. «Es necesario luchar por recuperar hasta el último trozo de la tierra del islam invadida y aplicar esa regla de Alá que es la sharia», decía el comunicado en el que se anunciaba la creación de esta productora mediática al servicio del terror. La presencia de tropas españolas en Afganistán y el Líbano es otro factor de riesgo en todos los análisis.

Por todo ello, no es una sorpresa que este grupo sea, si se confirma, el autor del secuestro de los tres cooperantes. Tanto el CNI como la policía vienen advirtiendo al Gobierno desde el 2006 del peligro que corren los españoles, como otros occidentales, en determinadas zonas del Sahel.

Tanto el GSPC como Al Qaida del Magreb han secuestrado a decenas de occidentales en los últimos años, que se han resuelto normalmente tras el pago de un elevado rescate. Pero hubo una excepción, cuando en junio fue ejecutado un rehén británico que había acudido a un festival tuareg en Níger. El Gobierno de Gordon Brown no accedió a las exigencias de los terroristas, que pedían la excarcelación del jeque Abu Qutada, que estaba pendiente de ser extraditado a Jordania para cumplir una condena de cadena perpetua. Algunas fuentes señalaron que los terroristas estaban dispuestos a renunciar a su liberación por un rescate de 10 millones de euros, que Londres tampoco habría aceptado pagar. Al mes siguiente, un cooperante norteamericano era acribillado a balazos en Mauritania.

Asentada en España

«La amenaza terrorista de Al Qaida en el Magreb Islámico se cierne sobre ciudadanos e intereses españoles» en una serie de países entre los que incluía Mauritania, escribía, tras la creación de esta franquicia de Bin Laden, Fernando Reinares, director del Programa sobre Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano. Pero, advertía, también «en los confines del propio territorio español». Esta organización será sólidamente asentada en nuestro país, donde cuenta con una importante red de militantes, que se dedican a buscar financiación y reclutar terroristas, algunos de los cuales envía a a Irak para cometer atentados suicidas o a los campamentos de que dispone en el desierto del Sahel para entrenarse en el uso de armas y explosivos. Además, en las cárceles españolas hay decenas de detenidos pertenecientes a este grupo salafista.