Defiende la necesidad de su partido mientras socialistas y populares sigan sometidos a los nacionalistas
Después de treinta años de militancia socialista, Rosa Díez se consolidó ayer como la líder de UPyD, el partido que contribuyó a crear hace algo más de dos años. Aunque tuvo que superar el mal trago de un voto de castigo del 18,3%, Rosa Díez pudo levantar los brazos al final del primero congreso de un partido que, dijo, seguirá siendo necesario mientras las dos fuerzas mayoritarias, PSOE y PP, sigan sometidas a los dictados de los nacionalistas.
Rosa Díez fue reelegida portavoz de UPyD con un 78,2% de los votos, mientras que la lista crítica encabezada por Valia Merino, responsable de la agrupación del distrito madrileño de Chamartín, consiguió un 18,33%. El 3,32% restante fueron votos en blanco. Merino se dio por satisfecho con el respaldo obtenido, ya que, según dijo, ha cumplido «sobradamente» el objetivo de «dar un toque de atención» a la dirección del partido.
El congreso lo cerró una muy emocionada Rosa Díez con una intervención en la que dijo que quizá llegue un día en el que en España no sea necesario un partido «inequívocamente nacional», progresista, que defienda la separación de poderes, y que levante la bandera «de la igualdad» de todos los españoles. Pero como ese día no ha llegado, subrayó, Unión Progreso y Democracia «hace falta» para condicionar la política del Gobierno y que esta sirva a los intereses de los ciudadanos, y no a sus fines partidistas.
Rosa Díez fue especialmente dura con la gestión del Ejecutivo, pero también con el PP porque, según dijo, «nos ha tocado el peor Gobierno posible, pero también la peor oposición posible». Elevó el tono de sus críticas para denunciar que tanto uno como otro se hayan sometido al dictado de los partidos nacionalistas.
Reforma electoral
Otro de los puntos en los que hizo hincapié fue en la incapacidad de los dos partidos mayoritarios para ponerse de acuerdo respecto a la reforma de la actual legislación electoral, que Rosa Díez calificó de «injusta», hecha para mantener el bipartidismo y que prima «los territorios sobre los ciudadanos».
También atacó al Gobierno por su amistad con el régimen de Cuba y por su «pasividad» ante la «masacre» de ciudadanos en el Sáhara, momento en el que sacó una bandera del Frente Polisario, que dejó sobre el atril durante el resto de su intervención. Desacreditó igualmente la gestión del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, entre otras cosas, en educación y en investigación, y le recordó que una nación moderna es aquella que no permite que «hagan la investigación por ella y por eso invierte en recursos».
Como, según sus palabras, todavía queda casi todo por hacer en la política española, Unión Progreso y Democracia sigue teniendo una razón de ser, y cuando llegue el día en que ya no sea preciso defender «la causa justa», entonces «ese día dejaremos de ser necesarios porque habremos cumplido nuestro objetivo».
Rosa Díez agradeció la confianza puesta en un «pequeño y joven» partido que piensa en los ciudadanos «y no en nosotros». Y, para concluir, se permitió una «debilidad de carácter personal», según dijo ella misma, al felicitar a su hija Olaya por su 26 cumpleaños.
El discurso de Rosa Díez fue respaldado por el crítico Valia Merino, quien dijo que lo firma «punto por punto», aunque mostró su malestar porque la portavoz de su partido no tendiera puentes hacia los opositores.
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