Países como Inglaterra no exigen autorización judicial previa para las intervenciones

La Voz

ESPAÑA

Aunque algunos parece que se enteraron ayer de su existencia, la utilización de sistemas informáticos avanzados, tipo Sitel, para las intervenciones telefónicas está generalizado desde hace años en la mayoría de los países del entorno.

En algunos, como es el caso de Inglaterra, no es precisa una autorización judicial previa para que los servicios policiales o de seguridad lleven a cabo intervenciones telefónicas, con el sistema que consideren más eficiente. Es el jefe policial habilitado quien las autoriza. Esta suele ser la forma de operar en aquellos países en los que las escuchas no se utilizan como medio de prueba en un juicio, sino que son simplemente métodos de investigación.

Esto es propio de los sistemas judiciales donde rige el principio acusatorio y la investigación la dirige el fiscal, todo ello supervisado por un juez de garantías.

Escuchas ilegales

¿Hay antecedentes de escuchas ilegales? Varios. Por ejemplo, agentes de la Ertzaintza grabaron en 1986 conversaciones del lendakari Carlos Garaikoetxea. En 1993, un ex coronel del servicio de espionaje grabó ilegalmente llamadas para chantajear a los propietarios de un diario catalán.

El caso con mayor repercusión fue el de las llamadas escuchas del Cesid (antecesor del CNI), denunciadas en 1995, realizadas a altos cargos y autoridades del Estado desde 1984 y que costaron el puesto como director de los servicios secretos al general Manglano, al ministro de Defensa, Julián García Vargas, y al vicepresidente Narcís Serra.

Pero en todo el mundo abundan las acusaciones y sospechas de escuchas sin control judicial. En Francia ha habido varios casos de escuchas con finalidades políticas, por ejemplo durante la presidencia de Mitterrand. En el Reino Unido se grabaron conversaciones íntimas del heredero de la corona, e incluso periódicos han llevado a cabo escuchas ilegales.

En EE.?UU. se sospecha que entidades como la Agencia Nacional de Seguridad han usado sistemas de escuchas ilegales adjuntos a las mismas redes telefónicas, del estilo de la Habitación 641A, una instalación situada en un edificio de la telefónica SBC en San Francisco.