Cuatro destacados representantes de la transición coinciden en que la proliferación de casos de corrupción supone una gravísima amenaza para la democracia y destacan el compromiso ético de los políticos de aquella época, aunque añaden que en los últimos años han aumentado exponencialmente las oportunidades de enriquecerse ilegalmente.
«La corrupción se generaliza o aumenta de forma sustancial cuando se tienen oportunidades para corromperse, como ahora», apunta el liberal Antonio Garrigues Walker. «La corrupción está muy ligada al enorme bum inmobiliario, que no se había producido todavía en la transición,», apunta Nicolás Sartorius. Pero al mismo tiempo destacan los valores de los que lucharon por establecer la democracia, a los que, según Luis Solana, no se les pasaba por la cabeza enriquecerse a través de la política.
José Manuel Otero Novas, ex ministro de UCD, introduce un factor cultural y alude a «la indiferencia y la ausencia de límites morales» propias de lo que llama fase final de la época «apolínea» que vive Occidente. Desde la izquierda, Sartorius relaciona la corrupción con la existencia de «una crisis de valores, de ideas, en un mundo donde todo es el dinero y enriquecerse de manera rápida y fácil».
Solana no tiene duda de que el poder de decisión de los ayuntamiento sobre la recalificación de terrenos es decisiva. «Simplemente, con un lápiz bicolor se puede dibujar en rojo una parcela y no vale ni para sembrar, o en azul y convertirla en edificable y pasar de costar un euro a miles de euros por metro cuadrado en un momento. ¿Cuánto estaría dispuesto un ciudadano a pagar por hacerse multimillonario gracias a un lápiz bicolor?», se pregunta.
«La ciudadanía está harta, irritada, molesta de la corrupción política, la confrontación, los diálogos vulgares, tener que ver permanentemente estos escándalos produce desamparo, depresión y desconcierto», señala Garrigues. «No nos merecemos el trato que no es está dando el estamento político», concluye. Y deja claro que «hay métodos para luchar contra la corrupción, pero hay que aplicarlos, es una asignatura pendiente».