Logra el apoyo unánime de los barones a la subida fiscal, pero solo concreta que afectará más a los ricos
20 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Ni una sola voz discordante, sino apoyo incondicional a las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero en la gestión de la crisis, incluida la anunciada subida de impuestos, pese a que no la detalló. Quien esperara oír voces críticas en la reunión de ayer del comité federal se equivocó de plano. El PSOE escenificó un cierre de filas general para desmentir que haya disensiones internas.
Sin embargo, fue el propio Zapatero el que dijo lo que no se atrevieron a manifestar ninguno de sus compañeros, aunque algunos se lo habían reprochado estos días amparados en el anonimato. Pero le dio la vuelta y lo hizo en clave positiva. «El proyecto socialista tiene una coherencia más allá de que a veces la tarea de gobernar incluya improvisar, ¡solo faltaría!», admitió a puerta cerrada ante los suyos.
Zapatero se presentó en su primera intervención, abierta a los medios de comunicación, como el gran defensor de los más débiles, de aquellos a los que está golpeando de manera más grave la crisis. «Hemos sabido decir no a los poderosos y a los que presentan determinados intereses», aseguró. Atribuyó la cohesión, la estabilidad y la paz social a la acción política del Gobierno, que dijo «ha tenido que elegir» en una situación de «grave recesión» y lo ha hecho por no abaratar el despido ni reducir los derechos de los trabajadores, sino por aumentar las prestaciones y las políticas sociales.
Ninguna autocrítica
Ni un atisbo de autocrítica. Dio por bienvenidos los reproches por la forma de anunciar la ayuda de los 420 euros a los parados sin cobertura, porque lo importante es la prestación, lograda gracias a la iniciativa gubernamental. En su primer discurso evitó aludir al aumento de la presión fiscal, pero sí lo hizo en el segundo, sin dar detalles, solo adelantó que afectará a las «rentas altas» y no tocará el IRPF. Y calificó como escandaloso que «los trabajadores tributen más que muchos empresarios».
No importó que no especificara nada, porque logró la adhesión inquebrantable de los barones territoriales, que a lo sumo reclamaron que se haga pedagogía para explicar la subida a los ciudadanos. Además, algunos alzaron la voz para reivindicar la independencia del PSOE frente a lo que consideraron inventos de algunos medios de que hay división interna. «No podemos dejar que nos escriban el guión», dijo el presidente andaluz, José Antonio Griñán, que apeló al rearme ideológico, en línea con el discurso de izquierdas de Zapatero «Vamos a defender lo que tenemos que defender con independencia de que guste más o menos a los medios o a los opinadores», señaló el extremeño Guillermo Fernández Vara. «No aceptamos lecciones de fuera de qué tenemos que decir y cómo tenemos que comportarnos», dijo el castellano-manchego José María Barreda, que insistió en la necesidad de explicar «cada día que los impuestos se relacionan directamente con los derechos de los ciudadanos».
El habitualmente crítico Juan Carlos Rodríguez Ibarra cargó en esta ocasión contra la «cobardía» de algunos compañeros que no se atreven a hablar en público y luego acuden a quejarse a los periodistas sin que aparezcan sus nombres.
En la resolución final aprobada por el comité federal los socialistas se declaran «orgullosos de un Gobierno» y defienden la subida fiscal porque es «una medida de solidaridad para evitar que el coste más doloroso de la crisis la paguen los que tienen más dificultades o medios de defensa y los desempleados».