La transformación del rural gallego se ve en máquinas y granjas, aunque a las subvenciones y fondos estructurales también les siguieron peores precios agrarios
30 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La entrada en la Unión Europea elevó el nivel de vida de los agricultores y ganaderos, pero la Política Agraria Común (PAC), la liberalización de mercados y apertura exterior abocan a producir más para ganar menos. Así lo ven en granjas lácteas o de terneros para carne, que reciben subvenciones por distintos conceptos pero ven con alarma el desplome de sus precios y márgenes. Visitamos una zona de montaña en Lugo donde las vacas de carne son la principal actividad ganadera.
En Alvaredo (Baleira), Dositeo López, de 59 años, dedica su vida a criar vacas y becerros: «En 1985 tiña 24 vacas; hoxe son 39, pero defendo peor». Y lo explica: «Daquela vendías un xato en vida por 300.000 pesetas, e hoxe para sacarlle 200.000 ten que ser do mesmo peso, pero en canal». Opina que las ayudas comunitarias fueron al principio beneficiosas, pero al poco el precio de la carne comenzó a bajar. «Nosoutros estamos vendendo moi barato, se eu cobro o quilo de Ternera Gallega Suprema a 5 euros e en Madrid o pagan a 30, ¿quen come todo iso?».
A pesar de recibir subvenciones de 200 euros anuales por cada vaca nodriza, 12 euros por macho cebado y ayudas del 25% por cambiar el tractor (más si fuera una mujer o joven agricultor), la actividad ganadera cada vez es menos sostenible. «As axudas son para ir tirando, para ternos entretidos», asegura Dositeo, que ve cómo los precios del pienso vacían sus bolsillos.
Aun así, piensa comprar un nuevo tractor de 150 caballos y 75.000 euros. Cuando en 1976 modernizó sus establos hizo frente a un crédito del 10% y hoy puede obtenerlo subvencionado al 2,76%. Cree que sí ha progresado el control sanitario, aunque han llegado nuevas enfermedades.
«O cambio coa entrada na UE foi espectacular -dice Roberto García, secretario de Unións Agrarias-, a modernización das estruturas produtivas houbera sido impensable sen os fondos estructurais de Europa. Mágoa que entráramos tan tarde, polo franquismo, e que cambiaran as políticas cada catro anos. É paradóxico que algúns antes pedían a desaparición das cotas leiteiras e agora queiran mantelas». Opina que «a pesar da reconversión salvaxe no campo, non hai comunidade autónoma que experimentara una transformación semellante. Pode facer frío dentro da UE, pero fóra estaríamos conxelados pola crise. A nosa entrada non trouxo a ruína rural. A agraria foi a única política común para todos os Estados e mellor estaríamos de seguir o modelo noutros sectores».
En el Sindicato Labrego Galego, Carme Freire no lo ve así: «Para o agro galego o avance en aras do abastecemento agrícola e a defensa do mercado interior supuxo a perda irreparable de miles de explotacións e da soberanía alimentaria. Ou se reconduce esa política neoliberal, ou produciremos menos alimentos e os nosos pratos estarán en mans das multinacionais».
Las casas poseen maquinaria agrícola, coches, electrodomésticos y comodidades. Hasta Alvaredo -diez casas y solo dos abiertas-, llegó la carretera asfaltada sobre el camino de piedra, pero no detuvo el éxodo. Familias enteras ya se habían marchado a las urbes; el colegio y la cantina de Córneas cerraron. En otras zonas de ganadería láctea se lanzaron a comprar maquinaria, renovar instalaciones, contratar trabajadores portugueses o rumanos. Hay quien está hasta el cuello de deudas. Otros, como Francisco Iglesias, de Pantón, que no pudo expandirse por falta de concentración parcelaria, resistirá con 20 vacas lecheras hasta la jubilación.
Balance positivo
«Non é un balance negativo -dice Xoán Sánchez Pérez-Orozco, secretario técnico de Xóvenes Agricultores-, coa inxección económica en infraestruturas e modernización de granxas estamos moito mellor, pese a necesitar máis produción para ter a mesma renda». Añade que «o nivel de vida mellorou, pero é necesario investir moito máis no rural, e valorar o que se fai na conservación do medio ambiente. O malo son as políticas tan cambiantes, a burocracia e certos erros. Hai dous anos un comité de expertos dixo que tiñamos que producir máis porque ía faltar leite. Ano e medio despois vese que non temos onde colocar excedentes». Redimensionar explotaciones, mejorar la organización del territorio y ampliar la superficie productiva de muchas granjas, y mejorar el nivel de vida, son aún tareas pendientes, reconoce.