El autogobierno será para el próximo presidente del Gobierno vasco el segundo eje de su gestión, y lo será de la mano del Estatuto de Guernica, arrinconado por el PNV en el último decenio. Ese texto es un «marco de convivencia democrática» y debe ser «punto de encuentro» para todos, en lugar de «otras aventuras que dividen y enfrentan», subrayó con la mente puesta en el plan Ibarretxe. López indicó que pretende dar un empujón al desarrollo estatutario y, como primer paso, anunció la inmediata negociación del traspaso de las políticas activas de empleo. El siguiente será «reforzar el marco de autogobierno», una forma de plantear la reforma del estatuto sin mencionarla de forma expresa, por los recelos que despierta, por motivos opuestos, en el PP y el PNV.
También pisó el proceloso charco de la política lingüística para proponer la meta de un «bilingüismo integrador», en el que tanto el castellano como el vasco sean las lenguas vehiculares en la educación. Anunció, en consecuencia, que derogará los últimos decretos del Ejecutivo de Ibarretxe que solo concedían el carácter vehicular al vasco.