El encuentro entre la primera dama francesa y la princesa de Asturias acaparó la atención en la escalinata del palacio
28 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Duelo amistoso entre mujeres. Así podría calificarse el encuentro que ayer tuvo lugar en Madrid entre la primera dama francesa, la cantante Carla Bruni, y la princesa de Asturias, Letizia Ortiz. Ellas acapararon los disparos de los fotógrafos a las puertas del palacio de la Zarzuela antes del almuerzo que compartieron la familia real, el matrimonio Sarkozy y el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.
La expectación por ver a la señora Sarkozy ya era enorme al bajar por la escalerilla del avión. Quizá algunos medios calentaron el ambiente como si de un clásico Madrid-Barcelona se tratara. La modelo lo hizo vestida por el diseñador francés de origen tunecino Azzedine Alaia. Un vestido negro por encima de la rodilla y una blusa blanca estilo bolero anudada debajo del pecho, a modo de chaquetilla; y bolso de mano a juego con unos zapatos de discreto tacón, en lugar de las manoletinas planas que acostumbra a calzar. Melosa y recatada.
Y todos los focos se dirigieron hacia ella. Los de la prensa diaria y los de las revistas del corazón. La primera dama francesa encandiló tanto que su marido, el todopoderoso presidente de la República, Nicolas Sarkozy, quedó ensombrecido.
Pero todos lo sabían. El momento mágico del día iba a ser, y lo fue, cuando la cantante y modelo saludase a la princesa de Asturias, hace unos años periodista y quizá por ello uno de los rostros más perseguidos por la prensa rosa. Pero también guapa, joven y esbelta. Fue en las escaleras de la Zarzuela donde tuvo lugar el duelo de elegancia y belleza.
La italofrancesa se había cambiado el vestido negro por uno azul de seda que, entallado en la cintura y con pliegues en los hombros, resaltaba su figura, en especial por la espalda.
Nada que envidiar
Pero la princesa Letizia no tiene nada que envidiarle, a no ser la estatura. Elegante con un vestido color grosella, del diseñador Felipe Varela, que ya había lucido en la inauguración de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCO), y que le queda como anillo al dedo. Eso sí, sus zapatos, como suele llevar desde hace tiempo, de elevada plataforma y altísimos tacones. Pero sencilla, sin más adornos que unos anillos, sin pulseras ni reloj en sus muñecas.
Ambas lucieron la melena suelta y con ligeras ondulaciones hacia fuera de la nuca. En esta ocasión, a doña Letizia se le apreció un tono más claro en el cabello. Y es que varios estilistas le aconsejaron que se aclarase un poco el pelo para lograr una imagen más suave de sus rasgos.
Muy sonrientes, se dieron dos besos a los pies de la escalinata ante la mirada de los Reyes de España, Sarkozy, y el príncipe Felipe, seguidas por los objetivos de cámaras de televisión y fotógrafos.
Si ambas damas empataron en elegancia, en los posados ganó sin duda la modelo. Aunque cierto es que ejerció en exceso de maniquí. Y no es por tirar para casa, pero a Carla Bruni se le sigue viendo como mujer mediática, de pasarela y focos. Siempre pendiente de sonreír a diestro y siniestro allí donde esté el objetivo de la cámara, tanto que parece que esté ejerciendo su profesión anterior. Y con tímidos juegos de manos con Nicolas Sarkozy, como si fuesen dos adolescentes manifestándose complicidad.