Mariano Fernández Bermejo va a pasar a la historia como el ministro cuyo cese concitó más unanimidades. El único colectivo que fue condescendiente con el ya ex titular de la cartera de Justicia es el sindicato de secretarios judiciales que la agradece su «decisión y empeño» por impulsar el proyecto de la nueva Oficina Judicial, pendiente desde el 2003.
Compañeros suyos de la carrera fiscal han manifestado a La Voz que «los dos años que ha pasado al frente del ministerio los ha dedicado a crear un montón de problemas sin solucionar nada». Las mismas fuentes añaden que «le ha sobrado desfachatez, soberbia y hábitos franquistas».
Para el juez José Antonio Vázquez Taín, «lo triste es que dimita por un incidente cinegético de menor cuantía (es una infracción administrativa) y no por ser el primer ministro de la historia de la democracia española que con su prepotencia y falta de saber estar provocó la primera huelga de jueces. Si lo hubiesen nombrado ministro de Asuntos Exteriores habríamos acabado en guerra». Sobre el conflicto judicial, opina que «si con el nuevo ministro se abre la posibilidad de una negociación en serio, con plazos más o menos fijos y con un mínimo de respeto, nosotros estamos dispuestos a levantar cualquier tipo de movilización».
Los vocales del Consejo General del Poder Judicial consideran que el cambio en la cartera de Justicia «abre un camino de esperanza para afrontar los problemas existentes». Las asociaciones de jueces aplauden la decisión del cese/dimisión y creen que el nuevo ministro trae perspectivas de diálogo.
De los portavoces de las cuatro asociaciones el más duro en sus críticas a Bermejo fue Conrado Gallardo, del Foro Judicial Independiente quien declaró que «desde Michavila, probablemente sea el peor ministro de Justicia; y eso que Michavila había puesto la cota muy difícil de superar».