El nuevo ministro de Justicia, Francisco Caamaño, que hoy tomará posesión del cargo, se encontraba en Santiago, a punto de embarcar para volar de regreso a Madrid, cuando se conoció públicamente la dimisión de Fernández Bermejo y la decisión del presidente del Gobierno de nombrar para sustituirlo al político gallego, hasta ahora secretario de Estado de Asuntos Constitucionales y Parlamentarios.
Caamaño accede al cargo con un activo importante en la actual coyuntura: su carácter dialogante, resaltado por todas las personas que lo conocen, y muy especialmente por los políticos catalanes, de todos los partidos, con quienes trabajó horas y horas durante la elaboración del nuevo Estatuto de Cataluña. Su finura jurídica es otro valor que han tenido en cuenta la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y el vicesecretario socialista, José Blanco, que fueron quienes propusieron su nombre a Rodríguez Zapatero. Aunque el presidente ya le conocía sobradamente. Y como prueba de su confianza, en el 2004, cuando accedió al poder, llamó a Caamaño para encargarle la Secretaría de Estado para las Relaciones con las Cortes, entonces dependiente del Ministerio de Presidencia.
Satisfacción en el PSdeG
Y, desde luego, no es simple coincidencia su lugar de nacimiento. Si la dimisión de Bermejo a menos de una semana de la cita con las urnas en Galicia y el País Vasco enturbia la campaña electoral de los socialistas, con el nombramiento de un ministro gallego Zapatero, asesorado directamente por Blanco, pretende hacer una demostración de interés por Galicia. De hecho, es la primera vez en la democracia que los gallegos ocupan la cuarta parte de los sillones del Consejo de Ministros.
Así lo entendieron y manifestaron ayer los socialistas gallegos, que por boca de su candidato electoral, Emilio Pérez Touriño, se felicitaron. «Temos unha presenza aínda maior no Goberno de España», lo que supone «o recoñecemento ás nosas capacidades», dijo. Tras destacar: «Gústame que Galicia aporte, que Galicia conte e que Galicia sexa útil a España», el presidente de la Xunta reveló a un grupo de periodistas que ya había pensado en él cuando formó Gobierno, en el 2005, y que ahora estaba tomando en consideración la posibilidad de incorporarlo a su nuevo gabinete, en el supuesto de que los resultados electorales le permitan volver a gobernar.
Francisco Caamaño accede a su nuevo cargo en uno de los momentos más delicados de la Justicia, solo dos semanas después del éxito de la primera huelga de jueces y con el reto inmediato de volver a tender los puentes con las asociaciones judiciales, rotos por el dimisionario Fernández Bermejo, para intentar evitar que se consume la por el momento vigente convocatoria de una nueva huelga para el próximo 26 de junio, en este caso secundada por todas las asociaciones y la práctica totalidad de los jueces españoles, como demostraron en enero.
Representantes de asociaciones y de todos los sectores del mundo de la Justicia coincidieron ayer en que el relevo de Mariano Fernández Bermejo abre nuevas perspectivas para el diálogo y la solución de los problemas. También advirtieron de que las necesidades del sector deben ser resueltas con urgencia, por lo que piden a Francisco Caamaño que encare los problemas desde el primer día.