De la fontanería política al mundo de los negocios

La Voz

ESPAÑA

Pablo Crespo Sabarís no llega al medio siglo, pero acumula una intensa experiencia en su vida. Pasó por la banca, la dejó para entrar en la política y la política lo dejó a él como cabeza de turco de las luchas internas de los populares. Pero tuvo su recompensa. Los contactos cosechados en una época donde cortaba el bacalao como hombre de confianza del entonces todopoderoso José Cuíña le allanaron su acceso al mundo empresarial, cambiando su Galicia natal por Madrid. En estos años, su nivel de vida había mejorado ostensiblemente.

Su detención ayer, en una operación contra la corrupción, tráfico de influencias y blanqueo de capitales, cayó como una bomba en su Pontevedra natal. Quién diría que Pablo Crespo acabaría prestando declaración ante el juez Garzón, látigo de la corrupción en tierras arousanas, donde el ahora detenido desarrolló a mediados de los años ochenta su faceta como director de Caixa Galicia. En aquella época se ganó fama de hombre íntegro, al vetar, por ejemplo, la financiación de un puerto deportivo en A Illa al enterarse de que detrás estaba un conocido ex contrabandista local.

En Arousa inició también su carrera política, que lo llevó a ser diputado autonómico y secretario provincial del PP de Pontevedra. Ayer, la dirección popular se apresuró a aclarar que Crespo «no tiene nada que ver con el PP de Galicia», y que «en la actualidad no está afiliado». Crespo es hijo de un histórico dirigente de UCD.

En 1996, apadrinado por Cuíña, escaló hasta la secretaría de Organización del PPdeG y fue diputado gallego hasta 1998. Durante ese tiempo sirvió de apagafuegos allí donde no podía llegar su jefe. Así, se ocupó, por ejemplo, de pulir el partido en Vilagarcía de lastres como antiguas simpatías hacia Vioque o de frustrar los favores hacia el ex alcalde Rivera Mayo.

Entre sus responsabilidades principales estaba la organización técnica de los congresos y actos del PP. En uno de ellos fue el ejecutor de medidas tan drásticas como enviar al gallinero al hoy líder del PP, Mariano Rajoy, y a Romay Beccaría, en un congreso que organizó de su mano. Fue el final de su carrera política.