La fina lluvia intermitente que cayó ayer en Madrid no desanimó a las miles de personas que visitaron el Congreso en el primero de sus dos días de puertas abiertas y, un año más, el hemiciclo, con los agujeros de los disparos de Tejero, fue el lugar que más miradas atrajo. Con puntualidad británica, a las diez, el presidente de la Cámara, José Bono, abrió la Puerta de los Leones para dar paso a las cientos de personas que aguardaban en la calle desde la madrugada.
Joaquín del Barrio, zamorano afincado en Madrid, fue un año más el primero en franquear la puerta de los leones y dar los buenos días a José Bono, para lo que llevaba esperando desde las 3.20 de la madrugada, a pesar de la desapacible noche de lluvia fina y niebla. Igual que él, los primeros que lo seguían en la fila, como Frutos o María Luisa -que llevan ya varios años sin faltar a las jornadas de puertas abiertas- también llegaron de madrugada, entre las seis y las siete.
Uno por uno
Durante varios minutos, Bono, acompañado por las dos vicepresidentas del Congreso, Teresa Cunillera y Ana Pastor, y por Gaspar Llamazares, dio la bienvenida uno a uno a todos los que iban pasando.
Manuel, Alberto (ambos de once años), Javier, de nueve, y Alicia, de siete, viajaron con sus padres desde Toledo y desde el madrileño barrio de Aluche para ver cómo es el Congreso. Aunque ninguno pudo sentarse donde esperaban (unos en el escaño de Zapatero, otros en la silla de su paisano Bono), a todos les sorprendió el hemiciclo porque «por la televisión parece más grande».
Fernando entró en la Cámara confiando en poder sentarse en el banco azul, pero un cordón lo impedía; al no poder ser, eligió otro escaño relevante, el del líder de la oposición, Mariano Rajoy. «¡Qué sillas tan cómodas, no se está mal aquí!», afirmó una mujer a la que su acompañante respondió con un comprensivo «claro, es normal que a veces los diputados se duerman». Mientras, otros visitaban la galería de retratos, con cuadros de todos los presidentes del Congreso, y alguno preguntaba por qué no estaba aún colgado el del antecesor de Bono, Manuel Marín.