La Policía Nacional desarticuló en la madrugada de ayer el nuevo comando Nafarroa de ETA, y lo hizo apenas días antes de que los terroristas comenzaran a actuar con una campaña de atentados de todo tipo en la comunidad foral. Los servicios de información, que detuvieron al cabecilla del grupo y a sus tres miembros legales en una operación desarrollada en Navarra y Valencia, se incautaron de todo un arsenal listo para usar, que incluía cerca de cien kilos de explosivos, armas y documentos de elaboración muy reciente sobre «todo tipo» de posibles objetivos.
Según informaron mandos de la lucha antiterrorista, la investigación sobre este grupo comenzó hace varios meses, cuando los expertos comenzaron a sospechar de los movimientos de varios de los integrantes del comando.
El operativo se aceleró en los últimos días, tras constatar los agentes que los terroristas acababan de recibir el cargamento de armas y explosivos. Desde entonces, los cuatro sospechosos habían sido sometidos a una «vigilancia sin precedentes» ante el temor de que pudieran adelantar su campaña de atentados.
La redada acabó con el más reciente intento de ETA de tener una estructura estable en Navarra. Se desató a las 3 de la madrugada de ayer. El dispositivo se adelantó 24 horas debido a que una de las terroristas sospechaba que estaba siendo seguida y había huido a Valencia. Bajo la coordinación del juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska, decenas de funcionarios de la comisaría de información y de las brigadas provinciales de Navarra y Valencia irrumpieron de manera simultánea en los domicilios de los cuatro activistas.
El cabecilla, el primero en caer
El primero en caer fue el presunto cabecilla del grupo, Aurken Sola Campillo, de 29 años, detenido en una vivienda del número 6 de la calle Remigia Echarren, de Pamplona, donde vivía con su novia. Además de varias cajas con documentación, los agentes se llevaron el automóvil del arrestado para su análisis. Sola Campillo ya había sido arrestado por la Guardia Civil en febrero del 2002, acusado de ser colaborador e informador del comando Urbasa de ETA. Estuvo dos años en prisión y en mayo del 2005, tras un pacto con la Fiscalía y su defensa, fue condenado a solo quince meses.
Casi al mismo tiempo de Sola fue capturado en su casa de la calle San Nicolás, en el casco viejo pamplonica, Xabier Rey Urmeneta, de 27 años. En la localidad navarra de Añorbe fue detenido poco después Sergio Boada Espoz, de 29 años. Este último, al igual que Sola Campillo, era un viejo conocido para las fuerzas de seguridad: fue condenado a tres años de cárcel por un delito de atentado contra la autoridad por lanzar varios cócteles molotov a agentes de la policía en 1997 en Pamplona.
La última en ser detenida fue Araitz Amatriain Jiménez, de 26 años. Novia de Rey Urmeneta, fue arrestada en una casa de la Avenida de Francia, de Valencia. Según los servicios de información, había viajado hace unos días a la capital levantina ante la sospecha de que estaba siendo seguida por la policía y se había refugiado en casa de una tía con la excusa de realizar un curso de informática.
La confesión de uno de los detenidos y los documentos incautados llevaron a los funcionarios hasta el gran escondite del comando: un trastero en el barrio pamplonés de La Chantrea. Allí, los agentes se incautaron de todo el arsenal que ETA les acababa de enviar, probablemente desde Francia. Había cien kilos de sustancias para fabricar amonitol, explosivo utilizado últimamente por la banda. También encontraron dos revólveres, munición y temporizadores.
Según la policía, el grupo tenía orden de atentar «cuando pudiese y contra quien pudiese».