El 23 de enero de 1995, María San Gil (San Sebastián, 1965) comía en el restaurante La Cepa, en el casco viejo de San Sebastián, junto al entonces concejal del PP en la ciudad Gregorio Ordóñez. Sal Gil vio llegar a un encapuchado que se situó detrás de Ordóñez, le disparó en la nuca y huyó corriendo. Tras ver desplomarse al edil, persiguió al terrorista hasta que este tropezó y cayó al suelo. Impotente ante el asesino armado que la miraba, regresó al restaurante. Días después, se afilió al PP y se conjuró para vengar la muerte y continuar la obra de Ordóñez.
A partir de entonces, su valentía frente a ETA, su discurso vibrante y su oposición radical a cualquier diálogo no solo con ETA y Batasuna, sino con los nacionalistas, la hicieron subir en el PP hasta llegar a sustituir a Jaime Mayor Oreja cuando este fracasó en su intento de arrebatar el poder al PNV formando un frente antinacionalista con el PSE de Nicolás Redondo.
En la pasada legislatura, San Gil apoyó con fuerza la estrategia del PP de denunciar lo que consideraba una rendición del PSOE frente a ETA. El pasado 26 de febrero, en plena campaña electoral y en un abarrotado teatro Ayala de Bilbao, San Gil se volcó en elogios a Rajoy y le dio las gracias «por defender que en España somos 44 millones y no podemos estar al pairo de dos millones de nacionalistas».
Menos de tres meses después, San Gil interpreta que Rajoy claudica ante esos nacionalistas para no seguir políticamente aislado. El pasado domingo, la dirigente del PP vasco recordó aquella comida en La Cepa de 1995, y entre la fidelidad a Rajoy y la que se prometió guardar aquel día a Ordóñez escogió a este último.