Los especialistas defienden el sistema de primarias, pero establecen cautelas sobre su utilización

E.C.

ESPAÑA

Los especialistas consideran que las primarias son, en principio, un sistema que aumenta la democracia interna de los partidos. Blanco Valdés recuerda, sin embargo, que la única experiencia que ha habido en España, cuando Josep Borrell ganó a Almunia «fue un fiasco absoluto» y «prácticamente han desaparecido ya en el PSOE». En todo caso, considera que «pueden ser un método eficaz, sobre todo en la elección de los candidatos a alcaldías, no a la presidencia del Gobierno».

«El proceso socialista de primarias es el único ejemplo que conozco de apertura real a la militancia», asegura Rafael Rubio, que estima que este sistema «promueve el debate de ideas y de candidatos y la sintonía entre la militancia y el partido». Pero añade que sería importante que el derrotado y quienes lo apoyaron no quedaran incapacitados políticamente.

Según el magistrado del Supremo Pablo Lucas, «pueden servir para hacer más efectiva la participación de los afiliados e incluso de los simpatizantes en la designación de los candidatos». Su opinión es diáfana: «Me parece que es bueno cualquier procedimiento que asegure la libre e intensa intervención de los miembros del partido en su vida interna, especialmente a la hora de elegir a sus dirigentes. Eso es más importante que la elección de los candidatos a los comicios».

Francisco Llera las considera «un buen mecanismo de participación que puede mejorar la democracia interna e incrementar el pluralismo político». Pero advierte que las primarias aumentan también «las tensiones internas», lo que puede afectar a la cohesión, la fortaleza y la estabilidad de los partidas, características que son fundamentales para el propio sistema democrático. Según Presno, si se admiten deben hacerse cambios estructurales en los partidos que «eviten bicefalias y legitimidades distintas y contrapuestas».

Para Miguel Pérez-Moneo, «las primarias aportan más democracia interna y ayudan a renovar la democracia si es sencillo presentarse y se admiten mayores niveles de libertad de expresión, pero tienen el riesgo de convertirse en una mera elección de personas y no de proyectos, como sucede en la pugna entre Hillary y Obama».