Ocho expertos consultados por La Voz analizan los déficits en el funcionamiento de los partidos a raíz del debate abierto en el PP y del dominio de Zapatero en el PSOE
28 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Los partidos políticos españoles suspenden en democracia interna y sus afiliados apenas cuentan en la toma de las grandes decisiones. Así se desprende, con mayor o menor énfasis, de las opiniones de ocho prestigiosos especialistas consultados por La Voz.
«Todos los partidos funcionan de una forma muy poco democrática, son máquinas que buscan el poder al servicio del que manda, y sus militantes cuentan poquísimo en la toma de decisiones», asegura el catedrático Roberto L. Blanco Valdés. Rafael Rubio, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, también es tajante: «No hay democracia interna, se trata de estructuras claramente jerarquizadas donde los militantes se ven reducidos a un papel meramente testimonial». Para Pablo Lucas, magistrado del Tribunal Supremo y catedrático de Derecho Constitucional, los militantes «cuentan a la hora de ratificar la orientación trazada por los dirigentes, pero no en la definición de los objetivos y las pautas de la acción política».
«La fortaleza orgánica y la unidad para ganar elecciones priman sobre las propias reglas democráticas», estima Francisco José Llera, catedrático de la Universidad del País Vasco. «A los dirigentes de los partidos se les llena la boca hablando de apertura a la sociedad, pero casi siempre es una cortina de humo para tapar sus déficits democráticos internos», añade.
Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, pone el dedo en la llaga: «Hay algunos partidos en los que hay bastante democracia interna, pero el problema es que eso les convierte en muy poco fiables para gobernar, como ERC».
Nula presión ciudadana
Resulta interesante el análisis de Ignacio Gutiérrez, profesor de Constitucional de la UNED. «Para imponer el mandato de la Constitución -que establece que su estructura interna y su funcionamiento deben ser democráticos- frente a la natural tendencia oligárquica de los partidos sería decisiva una decidida presión de los ciudadanos, ya que solo el riesgo de perder su favor podría hacerles cambiar sus prácticas menos democráticas», argumenta. Pero los votantes «sancionan al partido que exterioriza una dinámica interna conflictiva». «La sociedad reclama pluralidad a los partidos, pero suele otorgar el poder a los más disciplinados», asegura Miguel Ángel Presno.