El bautizo del AVE se convirtió en objeto de disputa política. La ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, señaló que «bien está lo que bien acaba» y se mostró convencida de que los trenes ofrecen la máxima seguridad después de 75.000 kilómetros de pruebas. Por su parte, el alcalde socialista de Barcelona, Jordi Hereu, calificaba la jornada como «día histórico» desde la estación de Sants, aunque admitía que había habido nuevos retrasos en cercanías.
El presidente de los populares catalanes, Daniel Sirera, aseguró que solo se habían realizado pruebas durante dos semanas y acusó al Gobierno de «poner en peligro la seguridad de los usuarios por su obsesión de hacer llegar el AVE antes de la campaña electoral». «Si pasa algo, la responsabilidad será de Zapatero», dijo.
CiU, Esquerra Republicana y el PP volvieron a reclamar al Gobierno el cambio de trazado del AVE por el centro de la ciudad.