Libia es una gran potencia energética que se ha convertido en Eldorado africano gracias al espectacular aumento de los precios del crudo y del gas y a la apertura económica decidida por Gadafi. Después de años de sanciones económicas y embargo, vuelve a la escena geopolítica como un país nuevo que quiere modernizarse y necesita construir infraestructuras, por lo que ofrece grandes oportunidades a los inversores.
Libia pretende ser el Dubái del Mediterráneo, dedicado al turismo y a los servicios. En el 2006 extrajo 86 millones de toneladas de petróleo, lo que equivale al 2% de la producción mundial. Pero sobre todo destaca por sus perspectivas de producción a largo plazo. Sus reservas petrolíferas (más de 5.000 millones de toneladas) la colocan casi al nivel del primer Estado petrolero africano, Nigeria. Libia produce crudo «dulce» de alta calidad y con bajo nivel de sulfuro y a bajos costes de producción. En cuanto al gas, es el 32º productor mundial y el 24º en reservas. Con solo 5,9 millones de habitantes, puede dedicar lo esencial de su producción a la exportación, sobre todo cuando construya la central nuclear prevista.