Los análisis indican que la banda colocó una furgoneta cargada de amonal o amosal reforzado por hexógeno, una sustancia de uso militar.
La Policía ha confirmado a la Audiencia Nacional que ETA utilizó el explosivo más potente de su arsenal para volar, el 30 de diciembre pasado, uno de los módulos de aparcamiento de la T-4 de Barajas, en el atentado con el que la banda terrorista rompió de hecho el alto el fuego decretado ocho meses antes.
La acción criminal, que causó la muerte de los ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, se llevó a cabo con una furgoneta-bomba cargada con amonal o amosal reforzados por primera vez por hexógeno, una potentísima sustancia utilizada desde hace décadas por todos los ejércitos en los explosivos militares.
Ésta es la conclusión a la que llegó este verano, tras meses de estudio de los restos de la deflagración, el laboratorio de la Policía Científica.
La composición del explosivo puede ser la misma que la de la furgoneta-bomba que ETA hizo estallar el 26 de agosto pasado en un campo de olivos de Castellón, tras sospechar que la Guardia Civil había descubierto al comando, y que iba a ser utilizada para cometer un gran atentado al día siguiente. Los investigadores antiterroristas creen que ambos artefactos tenían un mecanismo idéntico y que fueron fabricados por Luis Ignacio Iruretagoyena, el máximo experto en explosivos de la banda, arrestado el 1 de septiembre en su laboratorio de Cahors (Francia). Se trata de la nueva generación de bombas de la banda, destinadas a los grandes atentados.
Los expertos de la Policía Nacional entregaron el 12 de julio pasado al juez instructor Santiago Pedraz un informe de 42 hojas, que no se ha conocido hasta hoy, en el que concluyen que en el aparcamiento de la T-4 destruido se han detectado cantidades de nitratos pertenecientes al explosivo, compatibles con el amosal y amonal que fabrica ETA (ambos tienen como base el nitrato amónico).
Sin embargo, el informe da un paso más. Señala que entre los restos de la explosión también hay elementos que delatan la presencia de hexógeno o ciclonita, un componente básico de potentes explosivos como el C-4 americano o el Semtex checo. Los peritos consideran que los terroristas utilizaron esta sustancia para multiplicar la potencia y la capacidad destructiva de la explosión e indican que es la primera vez que este potente componente se localiza en una bomba de ETA.
A la vista de la capacidad destructiva del artefacto, no es de extrañar que el atentado provocase el desplome casi total de los cinco pisos del módulo D del aparcamiento de la T-4 y provocase una montaña de 40.000 toneladas de escombros. El edificio, con 2.000 plazas de estacionamiento, ha tardado nueve meses en poder ser reconstruido y se reinauguró este mes, tras una inversión de 24 millones de euros.
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