Unos 2.400 agresores sexuales están cumpliendo condena actualmente en España

Ivannia Salazar

ESPAÑA

La libertad del violador del Vall d'Hebron reabre la polémica sobre cómo prevenir el alto índice de reincidencia

23 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

La salida de prisión ayer de José Rodríguez Salvador, conocido como el violador del Vall d'Hebron, que cumplió 16 de los 311 años de cárcel a los que fue condenado, ha disparado de nuevo el debate sobre lo que se debe hacer para rehabilitar a los agresores sexuales y evitar que éstos reincidan en sus delitos cuando salgan de la cárcel.

Actualmente, unos 2.400 delincuentes sexuales están cumpliendo condena en España, para los que la terapia psicológica se presenta como una de las opciones más viables, a pesar de que los tratamientos deben durar más de 400 horas, repartidas en uno o dos años.

Los detractores a este sistema señalan que la inversión de tiempo y dinero es demasiado alta y que no hay estudios sobre su efectividad. En 1997 se creó el primer programa de terapia para estos agresores y actualmente unos 400 lo siguen.

El debate se aviva, además, por las declaraciones del presidente francés Nicolas Sarkozy a favor de la castración química para los pederastas. ¿Qué hacer entonces con los delincuentes sexuales?

Un reto para la criminología

El alto índice de reincidencia entre este grupo es preocupante. «Los agresores sexuales constituyen un reto importante para la criminología, debido a la complejidad de factores de riesgo que confluyen en ellos», señala el psicólogo Santiago Redondo en una investigación sobre la funcionalidad del tratamiento psicológico para rehabilitar a este tipo de delincuentes.

El control telemático, las terapias psicológicas, la publicación de nombres y la castración química son algunas de las opciones en discusión, a pesar de que algunas de ellas apuntan más hacia la protección de las potenciales nuevas víctimas.

Según explicó el médico Juan Diego Álvarez, director de un centro de andrología en A Coruña, «la castración química consiste en la administración de medicamentos que frenan la producción de testosterona y, por consiguiente, reducen el apetito sexual y la erección». Sin embargo, el tratamiento puede ser reversible y hay dudas sobre el control de su administración.

Por otro lado, se habla de la vigilancia telemática por GPS, en la que los excarcelados estarían controlados por un sistema de posicionamiento global por satélite. Según fuentes de Instituciones Penitenciarias, el hecho de saberse vigilados reduce las posibilidades de que vuelvan a delinquir.

Sin embargo, afirman que «aunque conocer el paradero del violador no sirve para evitar una posible agresión, la policía sabrá que se encontraba en el lugar y será entonces el principal sospechoso».

Por otra parte, la abogada de una de las víctimas del violador del Vall d'Hebron y de la Asociación de Mujeres Agredidas Sexualmente, María José Varela, cree en la publicación de listas con los nombres de los agresores como medidas para proteger a la población. En su opinión, sería fundamental una reforma legislativa «que articulara mecanismos de protección de la sociedad contra las personas que hayan cumplido su condena por delitos tan graves» y que aún no se haya conseguido rehabilitarlas.