Los tédax necesitaron ocho horas para desactivar el artefacto, que los terroristas habían anclado al coche
ESPAÑA
Pasada la medianoche, y antes de que llegaran refuerzos del País Vasco y de Navarra para tratar de neutralizar el explosivo ayudados de robots, los agentes presentes en la zona comenzaron a trabajar para determinar a qué amenaza se enfrentaban. A mano, hicieron saltar las cerraduras y accedieron al maletero desmontando los asientos traseros.
Allí pudieron comprobar que el artefacto no era una trampa ni un grozni, una bomba estanca prácticamente no desactivable que ETA utilizó en la T-4 o en Castellón. Estaba compuesto por dos ollas industriales rellenas de bolsas de plástico azules con 61 kilos de amonal y una garrafa de cinco litros con gasolina para garantizar que el vehículo se calcinara tras la explosión y así borrar las huellas. Igual que sucedió en el atentado de Durango a finales de agosto.
Desde los asientos posteriores, miembros de los Tédax confirmaron su sospecha: lo único que había estallado era el detonador del artefacto, que, por un fallo de los terroristas, no había iniciado el cordón detonante que debía hacer explosionar el amonal. El mismo error que, al parecer, pudo obligar a los terroristas de Durango a regresar al coche-bomba para activarlo de nuevo.
Desde un principio, los artificieros fueron conscientes de que la neutralización del artefacto iba a ser muy complicada porque las ollas estaban ancladas al chasis del turismo y había poco margen de maniobra para los robots, ya que y al igual que en el atentado contra la casa cuartel de Durango, los etarras habían aparcado el vehículo con la parte trasera mirando hacia el edificio, para dirigir contra el inmueble la onda expansiva.
Aún así, los técnicos llegados desde Bilbao y Navarra lograron hacer sitio a los ingenios mecánicos. Los robots explosionaron el bombín del portón trasero y accedieron a las dos ollas y al mecanismo de iniciación, que quedó definitivamente neutralizado a las 6.30 de la madrugada. Cuarenta y cinco minutos después, las fuerzas del orden levantaron el cordón de seguridad.