El endeudamiento de los hogares, atrapados en la espiral de la burbuja inmobiliaria, ha sido -para Xosé Carlos Arias- «una parte muy importante del problema de España en la primera parte de la crisis».
Pero esto ha cambiado en la última etapa: «El ajuste ha obligado a las familias a hacer un gran esfuerzo de desapalancamiento». Y la previsión de futuro es que el endeudamiento baje «de modo inevitable», con el consiguiente problema para las empresas, afectadas por los rigores de un sector financiero en plena reestructuración y por un consumo de escaso pulso.
La situación portuguesa, pese a que no ha provocado una crisis en la prima de riesgo de la deuda española -salvo el episodio del lunes- tan importante como las de Grecia o Irlanda, introduce en el horizonte un nuevo factor de inestabilidad.
«En la mente de los inversores, detrás de Portugal va España», dice José García Montalvo, catedrático de Economía de la Pompeu Fabra, y matiza que eso no significa que aquí vaya a ocurrir algo similar. «Los mercados han empezado a discriminar entre países que están mal y quienes tienen salida; están hilando fino y eso explica la relativa calma actual en los mercados de deuda», añade.
Tres meses de incertidumbre
Pero aunque lo de colocar a todas las economías (los llamados PIGS, Portugal, Irlanda, Grecia y España) en la misma cesta se esté resolviendo, para García Montalvo persiste una «pequeña» preocupación y es que, tras el finalmente necesario rescate de Portugal, «en la mente colectiva de los gestores y los inversores, la siguiente es España».
En este sentido, advierte de que tenemos por delante tres meses de incertidumbre, hasta que se desvele cómo se montará el sistema de estabilidad europeo. «Lo que me preocupa, aunque relativamente -matiza García Montalvo- es que en estos tres meses pase algo y nos presionen de nuevo».
Y concluye: «Como antes de llegar a Italia hay que pasar por España, que sea la profecía autocumplida, que el miedo nos hunda».